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Sigiloso,
cuidadoso, silencioso, algunos de los sentidos
del gato están muy desarrollados. Entre
ellos destacan los siguientes:
Olfato: Si
observamos a nuestro gato podremos ver que cuenta
con un sentido del olfato muy desarrollado que
les sirve para reconocer enseguida su territorio.
Además, nuestro gato tiene unas glándulas
odoríferas muy específicas y probablemente
nos resultará curioso saber que cuando
se restriega contra nosotros, además de
una muestra de cariño, lo que está
haciendo sobre todo es marcar su territorio.
Equilibrio.
Si el gato está acostumbrado a vivir en
nuestra casa, probablemente habremos observado
que se mueve con absoluta soltura, sigilo y destreza
sin producir apenas alteraciones y eso se debe
a su extraordinario equilibrio. Control que combinado
con su gran sensibilidad hacia la orientación
le permite reaccionar ante cualquier estímulo
de una forma instantánea. El centro del
equilibrio y de la orientación en el gato
se encuentra en el aparato vestibular situado
en el oído interno. Si se producen infecciones
en esta zona, no sólo se verán afectada
la audición sino también el equilibrio,
malestar que el gato manifestará inclinando
la cabeza y avanzando en círculos.
Oído.
Es extremadamente sensible y mucho más
agudo que el oído humano. Los gatos son
capaces de adaptar los pabellones auditivos de
sus orejas a las formas más convenientes
para captar mejor los sonidos.
Vista. También
está muy desarrollada en los gatos. Gracias
a su pupila, que cambia de tamaño y forma,
regulan la cantidad de luz que entra en el ojo.
Cuando la dilata es que hay poca luz, si la contrae
es que la luz es excesiva. Los cambios de la pupila
también denotan el estado de ánimo
del gato, así como la excitación
sexual.
| *Consejo
práctico:
Gracias a su
gran capacidad para coordinar con precisión
los movimientos de sus músculos, huesos
y tendones, los gatos consiguen ser sigilosos,
silenciosos y precisos. |
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