Estrés en gatos

Introducción

Los gatos son amantes de la rutina y un pequeño cambio les puede alterar hasta causarles estrés. Aunque no lo parezca, es un problema muy frecuente y es el factor determinante cuando se generan algunos comportamientos extraños.

El estrés puede curarse y quedar en nada, pero también puede resultar una alteración grave. Por este motivo es importante que pueda detectarse y tratarse.

Está agresivo, orina donde no toca

No hay que hacer un diagnóstico sin consultar a un especialista, pues algunos síntomas pueden ser los mismos con diferentes orígenes. Además, en el caso del estrés las alteraciones pueden ser muy diferentes. El hecho de estar más agresivo, marcar constantemente el territorio, limpiarse en exceso u orinar fuera de su bandeja pueden ser indicativos de que el gato sufre estrés.

También la pérdida de pelo sin motivo aparente o unas pupilas muy dilatadas pueden ser consecuencia del mismo problema. Incluso hay comportamientos más similares a los de las personas, como dormir todo el día y no querer hacer nada o llorar con frecuencia sin motivo aparente. Esconderse debajo los muebles y no responder cuando se le acaricia son otras de las reacciones ante una situación de estrés. Por ejemplo, algunas razas como el siamés o el birmano pueden morder la lana de forma excesiva.

Su rutina

Ha cambiado su rutina y se ha generado un problema

Los gatos son animales muy rutinarios y territoriales. Basta con fijarse un poco para comprobar que siempre comen a la misma hora, duermen en el mismo sitio u orinan en el mismo espacio. Les gusta hacer la suya y moverse a su antojo pero eso no impide que tengan unas pautas que ellos mismos han establecido en unos determinados lugares. Dentro de esta forma de vida no se aceptan los cambios con facilidad. Es más, tienen mucha tendencia al estrés y cualquier cambio que para nosotros puede ser imperceptible para ellos puede ser un serio problema.

El aburrimiento también es fuente de estrés y de problemas de salud asociados. En este caso es importante el enriquecimiento del medio ambiente con objetos para jugar, estructuras donde se pueda montar y esconder, etc. Incluso esconder la comida en sitios diferentes para que tenga que buscarla.

No exterioriza su rechazo

A diferencia del perro, el gato no muestra un rechazo explícito a estas situaciones. Prefiere guardárselas para él y ahí es donde empieza el problema. El simple hecho cambiar los muebles de sitio o la aparición de nuevos ruidos pueden generar estrés y ansiedad sin que su dueño se de cuenta. Por lo tanto su sensibilidad se ve afectada seriamente si los cambios son aun de mayor magnitud, como podría ser una mudanza, reformas en casa o un viaje.

Del mismo modo ocurre con sus relaciones. La llegada de un nuevo animal puede ser percibida como una "ocupación" de su territorio, además de su comida y sobre todo su cariño. De igual manera ocurre con las personas. La llegada, por ejemplo, de un bebé puede provocar que el felino se sienta desplazado. No obstante, no es necesario que sea alguien nuevo, basta con que el dueño cambie de horario de trabajo o esté menos tiempo con su gato para que éste sufra y modifique su comportamiento.

Puede ser grave pero tiene solución

Padecer estrés puede ser una dolencia que se perpetúa. Es decir, esta modificación del comportamiento puede seguir afectando al gato hasta siempre, sobre todo si se debe a un cambio en sus relaciones. En ese sentido, podría resultar una afectación grave teniendo en cuenta que se pueden generar nuevas enfermedades así como nuevos conflictos.

Es necesario, pues, consultar al especialista para que pueda analizar la situación de forma integral evitando las asociaciones no pertinentes. Ese tratamiento personalizado puede ser sencillamente una serie de cambios en las pautas de relación con el gato. No es muy habitual que se receten medicamentos, aunque existen tratamientos con triptófano, un aminoácido cuyos derivados tienen un efecto calmante, y otros tranquilizantes. No obstante, no hay soluciones únicas sino que lo más habitual son la combinación de distintas medidas.

Existen medidas preventivas

Existen medidas preventivas

Al fin y al cabo el veterinario estara intentando restablecer una rutina. La solución rápida y directa es eliminar los factores del cambio, pero esto no suele ser posible. Lo sería, por ejemplo, si se ha limpiado demasiado el hogar, ya que bastaría con dejar que marque el territorio y recupere los olores.

Pero si los cambios son previsibles hay medidas que pueden evitar o reducir el estrés. En el caso de una mudanza es muy recomendable el uso de feromona facial felina. Este líquido, que se difunde de forma parecida a la de un ambientador, permite tranquilizar al felino mediante un olor que le recordará que está en su hogar.

De la misma manera, hay que evitar mover demasiadas cajas y objetos cerca del animal y no presionarlo para conocer el nuevo espacio. Es aconsejable poner ciertos elementos que le resulten familiares y dejar que poco a poco se vaya adaptando al lugar.

En el caso de un viaje es mejor dejarlo en casa. A pesar de quedarse solo, esta opción es preferible antes que hacerle pasar el mal trago de viajar. Bastará con que alguien conocido acuda a darle de comer, proporcionarle agua fresca y a limpiarle la bandeja de arena. Aunque pasen dos días sin recibir la visita de ese cuidador esporádico no estará estresado. Prefiere menos atención al estrés que le supondría el viaje.