La obesidad

Introducción

La obesidad es uno de los problemas nutricionales más importantes en los gatos domésticos y es causada por el desequilibrio entre el consumo de calorías y la actividad física.

Puede prevenirse con una dieta equilibrada y ejercicio físico. Su tratamiento debe ser planificado por un veterinario.

Un problema nutricional

La obesidad consiste en un sobrepeso superior al 15% ó el 20% y está causado por acumulación de tejido adiposo, dando lugar a un aumento visible de tamaño acompañado de cambios de forma. Esto puede afectar seriamente la salud del ejemplar que la padezca y acortar su esperanza de vida. Es uno de los problemas de tipo nutricional más importantes que puede sufrir un gato. Se calcula que padecen esta dolencia entre un 20% y un 30% de los felinos domésticos, dándose especialmente entre los ejemplares que viven en pisos y no salen nunca al exterior. Así, si no se estimula su movilidad mediante juegos y poniendo a su disposición superficies para trepar y hacer ejercicio y no se le alimenta correctamente tanto en calidad como en cantidad, se estará favoreciendo el sedentarismo y la obesidad del gato.

Causas

Causas

La principal causa de la obesidad es el consumo excesivo de calorías, superando las necesidades energéticas del ejemplar derivadas de su actividad física. Aunque en general los gatos suelen saber administrar la cantidad de alimento que consumen, determinados factores y alteraciones de carácter metabólico o, especialmente, conductual, derivados normalmente del exceso de permisividad por parte del dueño, pueden hacer ganar peso a los gatos domésticos hasta convertirse en obesos.

En la naturaleza, el gato, invierte gran parte de su tiempo en perseguir y dar caza a las presas que le sirven como alimento, este proceso, se calcula que sólo tiene éxito un 30% de las veces. Además, el gato, como animal solitario que no puede depender de otros para conseguir alimento, sigue su instinto de seguir cazando aunque no sienta hambre, porque no puede permitirse el lujo de esperar a tener hambre y estar demasiado débil para cazar. Esto representa un gasto de energía inmensamente superior al del gato doméstico, que no necesita cazar para alimentarse.

En el caso de los gatos machos, la castración es otro factor que predispone a la obesidad, porque la falta de hormonas sexuales masculinas influye en el metabolismo de las grasas y el gasto energético.

Prevención

Prevención

Para evitar la aparición de este problema, se debe actuar desde la etapa de cachorro, un período crucial ya que la obesidad juvenil es mucho más crónica y difícil de tratar que en los adultos ya que se basa en el incremento de la cantidad y tamaño de las células grasas y permanece durante toda la vida. La mejor prevención es suministrarle al gato exactamente la cantidad de comida que necesita en función de su edad, raza, estado físico y nivel de actividad. Para establecer el tamaño de las raciones podemos consultar a nuestro veterinario. Asimismo, es imprescindible, y no solo para evitar la obesidad, que nuestro gato realice ejercicio físico, para lo cual podemos estimularle con juguetes, rascadores, superficies para trepar y, sobre todo, jugando con él. Finalmente, conviene controlar regularmente el peso del animal y pedirle al veterinario un diagnóstico si sospechamos que pueda estar engordando, ya que en las primeras fases de la enfermedad es difícil apreciar el aumento de tamaño.

Tratamiento

Tratamiento

El primer paso en el tratamiento de la obesidad en el gato es la aceptación, por parte del dueño, de que existe ese problema, algo que no siempre es fácil, porque muchos propietarios creen tener un gato de gran tamaño cuando lo que tienen es un animal obeso que puede desarrollar graves problemas de salud. En segundo lugar, será el veterinario quien establezca el tipo de tratamiento, así como su duración. En general, el tratamiento de la obesidad gira en torno a las siguientes variables: dieta, ejercicio, conducta, medicación y, en los casos más críticos, cirugía. No se puede dejar de suministrar alimento al gato de repente, pues el ayuno sólido total trae consigo serios trastornos hepáticos. El proceso de reducción de peso debe ser gradual, en torno al 1% ó 2% de pérdida de peso por semana y, eventualmente, realizarlo por etapas con reducciones de hasta el 15% para llegar al peso ideal. Cada cierto tiempo, habrá que ir al veterinario que valorará su evolución y realizará modificaciones en el tratamiento si fuera necesario. Finalmente, es importante tener en cuenta que en las primeras semanas no apreciaremos una pérdida de peso importante, ya que el organismo tarda en reaccionar al tratamiento.