Los parásitos externos del gato

Introducción

Un parásito es un organismo que vive a costa de otro, de distinta especie, alimentándose de él y aunque no suele matarlo sí es la causa de un fuerte deterioro físico.

Las ectoparasitosis son muy frecuentes, sobre todo en dermatología veterinaria, tanto en pacientes urbanos como rurales y todas son contagiosas excepto los ácaros del género Demodex. Las pulgas, los ácaros, las garrapatas, y los piojos son los más habituales. Para prevenir y controlar su presencia, la administración de productos antiparasitarios, teniendo siempre en cuenta las indicaciones del veterinario, es fundamental.

La pulga Ctenocephalides felis felis

Teniendo en cuenta la frecuencia como concepto de referencia, el parásito que nos podemos encontrar de forma más frecuente en los gatos es la pulga Ctenocephalides felis felis; sin embargo, muchas veces únicamente sospecharemos de su presencia pues el acicalamiento diario del gato le lleva a deshacerse de las pulgas que le molestan y a que a nosotros nos cueste más localizarlas en su piel o entre su pelaje.

LA PULGA EN CASA
Si la Ctenocephalides felis felis entra en casa costará deshacerse de ella pues, sobre todo, habrá que luchar contra los huevos, las larvas y las pupas. La pulga adulta deposita sus huevos en el gato pero lo habitual es que éstos caigan al suelo donde comenzará su desarrollo entre uno y diez días dependiendo de las condiciones ambientales. De los huevos salen las larvas que, huyendo de la luz acaban ubicándose entre las fibras de alfombras y moquetas, bajo los muebles y electrodomésticos o en zonas de sombra si están en un jardín o un exterior.

Las larvas crean un capullo dentro del que se transformarán en pupa y, de esta, nacerá la pulga si las condiciones ambientales –luz, humedad y temperatura- le son propicias. Este parásito se alimenta de la sangre capilar del gato y puede llegar a vivir entre 10 y 62 días si el ambiente le resulta benigno. Unas 72 hembras adultas consumen 1 mililitro de sangre al día y cada una de ellas puede llegar a poner unos 2.000 huevos a lo largo de su vida.

DERMATITIS POR ALERGIA
Las pulgas puede que no afecten de ningún modo al gato; sin embargo, muchos ejemplares sufren dermatitis por alergia a la picadura de pulga -una reacción del organismo a algunas sustancias que contiene la saliva del parásito-. Esta afección se caracteriza por la aparición de pápulas, costras, coloraciones del pelo por el lamido, y eritemas en diferentes partes del cuerpo. Además, desarrollada la alergia, se pueden producir infecciones secundarias como las producidas por Malasezzia –un hongo- o el estafilococo –una bacteria-.

Hay que eliminar las pulgas del animal y evitar que se vuelva a infestar por lo que habrá que actuar sobre los huevos, las larvas y las pupas en el entorno en el que permanece el animal. Si el animal tiene picor provocado por la reacción alérgica probablemente el veterinario indicará administrarle un tratamiento para evitarlo. También podría producirse una infección secundaria en el animal para la que el especialista en medicina veterinaria indicará el tratamiento más adecuado. Por ejemplo, la pulga es un hospedador intermedio de la tenia - Dipylidium caninum- que puede ser la causa de irritabilidad en el animal, malestar, apetito caprichoso, mal aspecto del pelo o cólicos o diarreas.

Los ácaros

Son los causantes de la sarna y no se pueden ver a simple vista pero pueden producir estragos en el animal ya que penetran hasta las capas profundas de la piel y se multiplican mediante huevos produciendo reacciones inflamatorias, además de picor intenso –prurito-, costras húmedas y alopecia –caída del pelo-. Prefieren las zonas de cabeza, cuello y orejas, y se puede sospechar si el animal sacude la cabeza con mucha frecuencia o se observan las lesiones.

Si se sospecha de sarna, se ha de trasladar de forma inmediata al veterinario quien tendrá que estudiar el caso y determinar la clase de ácaro que hay que tratar.

SARNA DOMÉSTISCA FELINA
Es anecdótica,normalmente en pacientes inmunodeprimidos por la presencia de FeLV -leucemia felina-, FIV -virus de inmunodeficiencia felina- o panleucopenia felina.

SARNA NOTOÉDRICA
Es una ectoparasitosis causada por el parásito Notoedres cati. Las lesiones son costras de grandes dimensiones localizadas por todo el cuerpo, aunque la zona más afectada es la facial y las orejas. También se observan pápulas y lesiones por autotraumatismo. Es una zoonosis; en los humanos produce un prurito similar al producido por la sarna sarcóptica.

SARNA SARCÓPTICA
Está causado por el Sarcoptes scabiei . La lesión principal es la pápulo-costra. Es una zoonosis; en la especie humana también es altamente pruriginosa. Es muy característico el prurito nocturno.

El Sarcoptes scabiei forma túneles a la epidermis en los cuales deposita los huevos. En cada túnel se observa una pápulo-costra.

SARNA OTODECTCA
También se llama otoacariasis. Es una ectoparasitosis ocasionada por el Otodectes cynotis, altamente frecuente en gatos y representa el 50% de las otitis externas. Se puede producir dermatitis. Los otodectes producen otitis externa muy pruriginosa y contagiosa con la presencia de cerumen negruzco.

QUEILETIELOSIS&nbsp
Puede aparecer en cachorros de gatos. Las tres especies más frecuentes que corresponden al mismo género Cheyletiella son: yasguri, blakei y parasitovorax.Se caracteriza por un prurito intenso con descamación seca de grandes dimensiones donde se camuflan los adultos, que, al moverse, da la sensación de que la descamación se mueve; por ello se llama: la caspa que camina. Es extremadamente contagiosa.

Últimamente se han diagnosticado casos de straelensiosis -Straelensia cynotis-, un parásito de diagnóstico difícil y de tratamiento complicado.

Aparte, la trombiculosis, está causa para el Trombicula autumnalis y es poco frecuente en nuestro país. En cambio, en el centro y el norte de Europa es más frecuente. Aun así, se diagnostican algunos casos el año en zonas de montaña. El Trombicula autumnalis es un parásito de color naranja que se percibe a la vista y localizado normalmente a los pabellones auriculares, a los espacios interdigitales y en las zonas perioculares, perilabiales y perianales, con la presencia de costras y de eritemas. En la mayoría de casos no se observa prurito, sin embargo algunos pacientes tienen una hipersensibilidad al parásito, lo que supone la aparición de un prurito moderado.

Casi todas las ectoparasitosis en dermatología veterinaria son fáciles de curar con un tratamiento eficaz y tenaz, ya que los parásitos son muy resistentes a las moléculas antiparasitarias, que son cada vez más específicas ante el parásito y más inocuas para la mascota.

El cuidado de todas las patologías producidas por ácaros consiste en tratar a la mascota, al resto de animales con los que pueda estar en contacto y todo el entorno contemplando medidas más estrictas de higiene en la vivienda.

La garrapata

Son arácnidos del grupo de los artrópodos que se alimentan de la sangre de su hospedador y pueden necesitar a más de uno para vivir para cumplir su ciclo: huevo, larva, ninfa y garrapata adulta. Aunque no son habituales en los gatos domésticos; sí podrían aparecer en los ejemplares que tienen acceso al exterior. Las garrapatas pueden producir enfermedades, infecciosas severas que provocan síntomas como anemia y pérdidas de sangre lo que puede ser grave si no se controla a tiempo.

En su fase primaria las garrapatas son más pequeñas y oscuras; al alimentarse de la sangre se hinchan y adquieren un tono grisáceo o marfil, según la especie a la que pertenezcan. Se pueden detectar en cualquier parte del cuerpo, principalmente en las orejas, en la cabeza y entre los dedos, que son las zonas donde los capilares sanguíneos de la piel son más accesibles.

CONTROL DE GARRAPATAS
Hay que revisar desde la cabeza a la cola del animal y, si hubiera algún ejemplar de garrapata en algún punto, se ha de comprobar que no haya infestado de forma invasiva a la mascota. Si no es así hay que eliminarla.

DESHACERSE DE LA GARRAPATA
Utilizando guantes de látex, se vierte alcohol o aceite sobre la garrapata para debilitarla. Cuando empieza a ceder, se extrae con la ayuda de una pinza desde la parte más cercana a la piel en la misma dirección a la que está adherida y teniendo cuidado de que no se rompa la cabeza y que la boca no se quede incrustada en la piel de la mascota.

Los piojos

La especie subrostrata -Felicola subrostrata- es el piojo que afecta el gato. Pueden producir pediculosis, una enfermedad de la piel, que es frecuente tanto a través de la presencia de adultos, como de larvas y huevos –liendres-, depositados en el pelo. Las lesiones que se observan son pápulas, excoriaciones, costras, alopecia secundaria por lamedura y la presencia de seborrea seca. Es una parasitosis pruriginosa –con picor- y muy contagiosa.

Las tres fases del ciclo de vida del piojo son visibles y el cuidado es sencillo y muy eficaz: se debe tratar el paciente, el entorno y el resto de animales que están en contacto con éste. El tratamiento incluye baños de inmersión, la aplicación de pipetas de antiparasitarios de acción prolongada y el cepillado diario con cepillos y peines desinfectados.

Los hongos

Los hongos no son estrictamente parásitos pues no pertenecen al reino animal pero los incluimos aquí porque su mecanismo de acción es similar al de los parásitos. Se trata de organismos que han desarrollado la capacidad de parasitar a otros organismos para alimentarse y son seres con los que estamos en contacto permanente. Únicamente causan dermatofitosis, también llamadas tiñas, cuando el animal está bajo de defensas o en cachorros débiles. De hecho, el gato joven, recién destetado y un poco debilitado, es el que sufre de micosis con más frecuencia.

Los dermatofitos que producen la infección son el micropsporum canis, y el trichophyton. Los hongos aparecen y se multiplican dentro de la piel y dentro de la queratina del pelo y las uñas. Los síntomas más frecuentes son unas zonas circulares sin pelo –alopecias- que van creciendo en diámetro con los días, prurito de intensidad variable y cierta descamación. Suelen localizarse en la cara y las extremidades.

La causa más habitual de contagio es el contacto directo con un animal afectado, a través de esporas que haya en el ambiente o mediante material infectado –como cepillos, peines o juguetes-. También predisponen al animal a la infección por hongos los baños frecuentes y la limpieza excesiva al eliminar la barrera natural de sebo.