Normas de alimentación

Introducción

El gato es muy exigente con su higiene y lo mismo ocurre respecto a su comida. Pero en ocasiones esa exigencia se puede convertir en una actitud caprichosa y es que este felino como ocurre el humano, no siempre come lo que es mejor para él sino lo que más le gusta y en ocasiones puede comer sin control. Debe ser su dueño el que le de las pautas idóneas para llevar un ritmo de alimentación saludable.

Dónde darle de comer

El rincón de nuestro pequeño gourmet debe estar limpio y en un lugar tranquilo de la casa. Al gato no le gusta que le molesten mientras come, ni que la zona donde lo hace sea bulliciosa o muy transitada por lo tanto se debe buscar un rincón acorde. Es preciso no colocar su comedero cerca de su recipiente de deposiciones y si en casa hay más de un gato hay que ponerles la comida en un recipiente individual o, al menos, diferenciado. Cada uno tiene que tener el suyo, no tanto para que coma cada uno de su plato, sino para que los gatos sepan que tienen suficientes recursos alimenticios.

Horario

Horario de alimentación

El dueño es quien conoce mejor a su gato y quien debe decidir si aplicar un horario de comida o dejar que su mascota se autorregule; aunque también hay que contar con la experiencia y conocimiento de su veterinario de cabecera.

Autorregulación: la mayoría de gatos comen sólo lo necesario y una vez saciados suelen dejar de comer. Sin embargo, no está de más controlar si su gato está ganando peso con este sistema. Si esto ocurre puede que su gato sea uno de esos casos excepcionales que demuestras ser unos tragones. Entonces lo mejor es controlar las raciones y no dejar su cuenco lleno de comida para que tome la que quiera cuando quiera.

Horario: Si se prefiere administrar las comidas, lo mejor es hacerlo 2 ó 3 veces al día y a ser posible, alternar comida seca con comida en lata. Siempre acompañado de un recipiente con agua fresca. Si tenemos más de un gato, puede suceder que uno sea más comilón y que tenga tendencia a ganar peso y que los demás sean más delgados y con menos apetito. En estos casos puede ser una solución que coloquemos un plato en el que haya siempre comida situado en un lugar elevado, al que puedan acceder los gatos delgados y no el gato con problemas de peso, ya que no podrá subir.

Negarse a comer

Un gato debe comer pequeñas cantidades pero muchas veces al día. El especial metabolismo de los gatos hace que toleren mal el ayuno. Si un gato no come absolutamente nada durante más de 48 horas puede empezar a tener problemas graves de salud. Por ello, si detectamos que nuestro gato deja de comer y no parece enfermo, hay que estar alerta. Éstas son algunas de las causas más comunes:

Cambios en la dieta: si, por ejemplo, hay un cambio brusco de producto, es posible que ni pruebe su nuevo alimento. En ese caso se le debe dar unos días margen. Aunque lo ideal es ir haciendo el cambio de producto de forma progresiva.

Demasiada variedad: hay que procurar que su menú sea variado. Si no lo es, puede que se acabe acostumbrando a comer solo su plato favorito. Si ha comido varias veces algún plato que le guste en especial... volver al pienso seco no será tan fácil.

Capricho: el gato, incluso, puede rechazar su pienso habitual si por alguna razón se cansa de él. No suele ocurrir, pero antes de alarmarse cambiar es la mejor opción. La recomendación del veterinario puede ayudar a encontrar la opción más indicada para su mascota.

Incomodidad: asegúrese de que se siente cómodo en el lugar donde come. Éste debe ser un lugar limpio y tranquilo, y algunos recipientes de plástico pueden llegar a desprender un olor que les resulta desagradable. Es importante elegir un comedero adecuado y mantenerlo limpio.

Estrés: debido a un periodo de ansiedad o de estrés el gato puede dejar de comer. Una mudanza o un cambio de dueño pueden ser las razones más obvias, pero existen muchas otras razones que debería consultar con su veterinario, una vez descartadas las más habituales.

¿A qué se debe la obesidad?

¿A qué se debe la obesidad?

La obesidad está causada generalmente por una ingestión de calorías no proporcional al gasto energético de su mascota, aunque también puede ser el resultado de un mal funcionamiento de la glándula tiroides, un problema en el hipotálamo o por estrés.

Algunos gatos tienen una propensión genética a la obesidad como el Maine Coon, el Bosque de Noruega, el Neva Masquerade o el Cornish Rex. Muchos gatos sufren de sobrepeso leve. Para controlarlo basta con que:

- Fraccionemos la ración a lo largo del día. - Sigamos un control del peso del animal. - No le demos de nuestra comida. - Juguemos con él para que haga algo de ejercicio. - Le administremos un alimento con ligera restricción calórica.

Si el sobrepeso empieza a ser preocupante fíjese si está apático, si le cuesta saltar, se ahoga o si el abdomen es tan grande como el pecho. No hay duda: hay que visitar al veterinario para que éste proponga un plan de dieta que permita recuperar un peso normalizado y con él, la salud del animal.

En el caso de sobrepeso importante y, sobre todo, de obesidad -el animal tiene un 20% o más de su peso ideal- instaurar una dieta con una restricción calórica adecuada será la clave para resolver el problema.