Pasear con el gato... o no

Introducción

El gato no suele salir a pasear. Es un hábito que parece reservado a los perros. Y sin embargo, esta actividad puede ser confortable para el animal, aunque también peligrosa.

Hay que medir cómo puede afectarle, ya que puede tener puntos positivos y contraproducentes. Disfrutar del aire libre puede propiciar que el gato amplíe su territorio y lo tome por costumbre. En tal caso, lo disfrutará. Si bien, para evitar riesgos innecesarios, si se decide llevarlo a la calle, nunca debe faltar su correa con arnés, y mucha paciencia. Él siempre será el que quiera dominar y decidir el destino, pero el dueño deberá adiestrarle correctamente para no convertir el paseo en una constante pelea de decisiones.

A pasear desde pequeños

A pasear desde pequeños

Es un hábito inusual en España. Los gatos son caseros, y de hecho, la esperanza de vida es increíblemente mayor entre los gatos que son únicamente de interior que los que tienen la libertad de disfrutar del exterior. Para evitar accidentes o pérdidas del animal, estos hábitos de paseo deben realizarse siempre con correa. Además, si el dueño decide llevarle a pasear, será más fácil que le inculque esta nueva costumbre cuando su gato aún sea pequeño. A esa edad carecen de hábitos y se adaptarán con mayor facilidad a la correa y al aprendizaje. Los gatos adultos serán más reacios, aunque también pueden ser entrenados para salir a pasear. Siempre con una correa. Únicamente que, en este último caso, será necesario un poco de paciencia, persistencia y sensibilidad.

¿Cómo usar la correa?

Si se ha decidido llevarle a dar pequeños paseos, el propietario deberá comprar un correa con arnés diseñada para tirar del pecho, no de la garganta. Las correas más comunes miden no más de 1 metro, lo que suele ser suficiente. La correa tiene que ser liviana, que son diferentes a las que utilizan los perros. Antes de colocársela, el gato deberá familiarizarse con ella, de manera que será necesario dejársela junto a su lugar de dormir para que pueda manipularla y olfatearla durante varios días. Será después de este tiempo cuando llegue la hora de ponerle los arneses. Después, con paciencia, y cuando ya parezca haberse acostumbrado, será la hora de conectar la correa a los mismos.

Los primeros paseos son recomendables realizarlos en casa. Solo una vez que el gato se desenvuelva con tranquilidad junto con los arneses y la correa, será el momento de salir a la calle. Siempre poco a poco, sin alejarse mucho de la casa en las primeras salidas, y aumentando los recorridos con el paso de los días si el gato no muestra hostilidad.

Adiestrarle en la calle

Adiestrarle en la calle

Hay que enseñar al gato a pasear por la calle. Ellos querrán decidir su camino, y siempre tratarán de explorar nuevos territorios. En el exterior hay excesivas distracciones para un gato y él querrá descubrirlas: pájaros, otros gatos de los vecinos, feroces o amistosos, perros, objetos, basura, coches, bicicletas o motos. Todos despertarán su curiosidad. Durante el camino es mejor mantener la correa firme, aunque nada tirante. El dueño marcará la ruta. Por ello es recomendable practicar en casa para saber cómo enseñar al gato que vaya donde el propietario quiere ir. Lo correcto es utilizar una voz dulce y complaciente para evitar que él se ponga nervioso. La paciencia y la sugestión serán algunas de las claves para el adiestramiento. Nunca deberá haber palabras malsonantes, ni gritos, así como tampoco tirones para llevarles a la fuerza. Esto último podría provocar que el gato rechazara la correa durante mucho tiempo.

Lo mejor es empezar a llevarle a un parque tranquilo y después pasar a la calle en sí, más ruidosa y menos agradable que la hierba o la tierra del parque.

Paseos gatunos en otros países

Aunque no es común en los parques del país, los gatos pueden acostumbrarse a pasear con sus dueños con una correa de por medio. De hecho, hay países como Alemania o Suecia en los que pueden verse esta imagen de manera habitual. Algunas razas como los siameses lo disfrutan, aunque la gran mayoría suelen pararse constantemente y olerlo todo. El mejor momento para sacar de paseo al gato es antes de la comida. Lo recomendado es comenzar por lugares poco transitados y tranquilos; de este modo se consigue que el gato se sienta cómodo. Lo idóneo sería un espacio en el que hubiera escaso tráfico. En el caso de que el gato fuera particularmente nervioso, es recomendable acompañarse de una jaula o bolso de transporte para que tenga un pequeño refugio al que volver rápidamente.