Primeros auxilios en caso de accidente

Introducción

Si nuestro gato sufre algún tipo de accidente que ponga en peligro su salud y no tenemos acceso a asistencia veterinaria inmediata, deberemos aplicarle los primeros auxilios con mucho cuidado y tratar de llevarlo a un veterinario lo más pronto que sea posible.

Aunque la prevención es la mejor receta para que no tengamos que vernos en una situación de emergencia, si nuestro gato sufre algún tipo de accidente que ponga en peligro su salud y no tenemos acceso a asistencia veterinaria inmediata, podemos poner en práctica las siguientes nociones de primeros auxilios en función de cuál sea la emergencia de que se trate. En cualquier caso, lo mejor es lograr asistencia veterinaria lo más pronto que sea posible

Conmociones

Si el gato ha perdido la consciencia o se encuentra en estado de shock, lo primero que hay que hacer es ponerlo a salvo. Para ello, nos ayudaremos de una manta que usaremos a modo de camilla, extendiéndola y colocando al gato sobre ella. Con la ayuda de otra persona, levantaremos la manta con cuidado y la dejaremos, con el gato, en una superficie plana. Si advertimos que respira con dificultad, lo colocaremos de lado con la cabeza inclinada hacia atrás, le abriremos la boca y estiraremos suavemente de su lengua para dejar libres las vías respiratorias.

Fracturas

Si sospechamos que el gato puede tener alguna pata rota, deberemos manipularlo con mucho cuidado. Con delicadeza, lo colocaremos sobre una manta tal y como explicamos arriba, apoyado sobre el costado contrario al del miembro que podría estar roto. En la medida de lo posible, deberemos tratar de inmovilizarlo e impedir en cualquier caso que pueda mover la pata afectada, pues podría hacerse más daño. Otra solución es colocarlo dentro de una caja de cartón suficientemente grande para su tamaño pero que evite que pueda caminar. De la misma manera, trataremos de evitar entablillarlo nosotros mismos y dejaremos que sea el veterinario quien se encargue de llevar a cabo esta operación si fuese necesario.

Hemorragias

Si nuestro gato padece una hemorragia abundante que no se detiene, trataremos de detenerla presionando la herida con una almohadilla de gasa o algodón empapada en agua fría. En caso de que el sangrado no cese, deberemos asegurar la compresa con un vendaje y colocar sobre otra almohadilla sobre la primera, repitiendo la operación cuantas veces sea necesario hasta que la hemorragia se detenga.

En caso de que sangre de forma abundante, deberemos presionar la zona con mucho cuidado y con un paño limpio, gasas o algodón. Si no lográsemos detener el sangrado de un miembro y faltara mucho para ponerlo en manos de un veterinario, deberíamos realizar un vendaje moderadamente compresivo. Consiste en hacer un vendaje con gasas y vendas apretando un poco justo en la zona de sangrado. La mayoría de hemorragias se pueden contener con este tipo de vendajes.

Quemaduras y escaldaduras

En caso de que el gato se haya quemado o escaldado por contacto o cercanía con fuego, agua hirviendo o superficies calientes, podemos aliviarle el dolor aplicando a la escaldadura un algodón empapado en agua fría. A continuación, colocaremos sobre la herida una bolsa con cubitos de hielo. Finalmente, aplicaremos vaselina. En ningún caso cubriremos la herida ni cortaremos el pelo que la rodea.

Congelación o hipotermia

Si exponemos prolongadamente al gato a un ambiente demasiado frío, puede quedar frío y rígido y presentar una especie de quemaduras en las extremidades. Si el animal padece congelación en alguna parte de su cuerpo, como las orejas, la cola o las patas, deberemos bañar la parte afectada en agua no demasiado caliente y mantener al gato caliente hasta lograr asistencia veterinaria. Si sufre hipotermia, deberemos envolverlo en mantas para evitar que pierda calor y acudir rápidamente al veterinario.