Señales y síntomas de enfermedad

Introducción

Cuando un gato está enfermo se comporta normalmente para no mostrar síntomas de debilidad. Así que el dueño debe estar muy atento a cualquier cambio de conducta para poder tratar una posible enfermedad a tiempo.

Si un gato es esencialmente casero tiene menos probabilidades de enfermar que uno que pase mucho tiempo fuera de casa o se relacione con otros gatos. Por otro lado aunque su instinto salvaje de supervivencia le puede ser de gran ayuda en la calle a menudo en casa esa virtud se puede volver en su contra pues trata de no mostrar debilidad. En este artículo pretendemos explicar qué tipos de enfermedades son más habituales en los gatos y cuáles son los síntomas que te pueden ayudar a detectar una posible enfermedad de tu mascota.

Virus y enfermedades

Virus y enfermedades más comunes

Los virus más habituales y peligrosos en el gato son básicamente tres: peritonitis infecciosa, leucemia y la inmunodeficiencia adquirida felina. Las tres son muy peligrosas y se propagan por contagio de otros gatos. Además también son habituales los resfriados, la calicivirosis, la clamidiasis, la gripe felina – rinotraqueitis- o la panleucopenia felina. Además el gato puede padecer otras enfermedades no virulentas parecidas en muchas ocasiones a las humanas como bronconeumonía, otitis, estomatitis, faringitis, cataratas, diabetes, enfermedades renales, cardiacas, etcétera. Las enfermedades o zoonosis más conocidas que el gato puede transmitir a los humanos son la toxoplasmosis y la rabia. La primera se transmite mediante el contacto con las heces del mismo. La segunda es severa para ambos y se transmite por mordedura -contacto de la saliva del animal enfermo con la sangre de la persona mordida-.

Parásitos

Otro problema habitual de los gatos son los parásitos. Pequeños seres que se instalan en el interior o el exterior del animal y se aprovechan de él trayendo consigo varios problemas. Los hay internos y externos. Los internos se alojan normalmente en el intestino y se alimentan de los restos de alimento y de la mucosa del aparato digestivo. Pueden ser lombrices planas o redondas. Los parásitos externos se encuentran en el exterior del animal y normalmente se pueden ver. Los más habituales son garrapatas, pulgas, ácaros de la sarna y mosquitos.

El estrés

Por descontado, al gato le afecta el tipo de trato de su dueño o las circunstancias relacionadas con su entorno. Un cambio de dueño, de casa, un nuevo miembro de la familia viviendo en casa o por el contrario, la soledad, pueden acarrear problemas psicológicos para el gato.

Obesidad

La obesidad está causada generalmente por una ingestión de calorías no proporcional al gasto energético de tu mascota, aunque también puede estar causada por problemas en la glándula tiroides, en el hipotálamo o por estrés.

Tricobezoares

Cuando las bolas de pelo no son eliminadas mediante vómitos o deposiciones atraviesan el píloro y se dirigen al intestino delgado donde pueden crecer y causar graves complicaciones.

Las señales que nos envía

Las señales que nos envía

Estos son los síntomas más comunes que indican que el gato no se encuentra bien. Hay que estar atento a cualquier cambio ya que los cambios a veces pueden pasar desapercibidos y actuar a tiempo, con frecuencia, es crucial para que el malestar se pueda resolver. Si se detecta uno de ellos hay que acudir, sin falta, al veterinario.

Cambios de conducta: no solo el estrés puede estar detrás de esta señal. Los traumatismos o los problemas infecciosos pueden estar detrás de este síntoma.

Dejar de acicalarse: en la mayoría de problemas graves de salud el gato pierde interés por el acicalamiento de su cuerpo y muestra un pelaje sucio, amontonado y sin brillo que nos dará la señal de que no se encuentra bien.

Pérdida de apetito: no hay que alarmarse si un día el gato no come mucho pero si se repite en los días sucesivos, es mejor consultarlo con el veterinario. Puede que sea solo un capricho y ya no le motive la comida con lo que lo más habitual es que todo se solucione cambiando el pienso según las indicaciones que marque el veterinario... pero mejor asegurar y, si es posible, que este profesional de la medicina animal le haga un pequeño chequeo.

Pérdida de peso: o bien no se le aportan los nutrientes adecuados a través de la dieta o bien puede tener problemas de salud serios.

Problemas urinarios: Los gatos sobreviven en la naturaleza con muy poca cantidad de agua. Esto hace que fabriquen una orina muy concentrada, que favorece tanto las infecciones de orina –cistitis- como la formación de cristales y cálculos minerales, que a veces obstruyen las vías urinarias. Eso es posible que provoque un aumento o disminución de frecuencia urinaria así como dificultades o dolor al orinar.

Diarrea o estreñimiento: la diarrea o el estreñimiento puntual no tienen porqué ser una señal grave de enfermedad; en cambio, si estos trastornos perduran, sobre todo, la diarrea perdura puede ser señal de parásitos, infecciones o de un proceso intestinal inflamatorio o tumoral.

Vómitos continuos: el vómito ocasional es habitual en el gato, en la naturaleza le protege de intoxicaciones y alimentos en mal estado y en el hogar le sirve para expulsar pelo. O se están purgando o expulsando bolas de pelo. Solo si el vómito persiste o contiene alimento hay que acudir al veterinario.

Tos: si no es por algún tipo de alergia o parásito la tos pueden estar detrás de infecciones como la faringitis, la bronconeumonía o de enfermedades cardíacas. También puede ser un síntoma de asma, como en los seres humanos.

Estornudos/secreciones nasales: esta señal tampoco es nada halagüeña y más allá de alguna alergia o algún objeto extraño alojado en las fosas puede significar la presencia de un virus. Hay que prestar atención y acudir a la consulta veterinaria si el trastorno persiste.

Mal aliento: un simple mal aliento puede ser común debido a bacterias en los dientes. Consulte a un especialista cómo hacer que su gato mantenga dientes y encías limpios y sanos para remitir el problema. También puede ser señal de estomatitis.

Babeo: el babeo es señal de inflamaciones graves producidas por virus o por causas inmunes. Dificultades respiratorias: si recuerda que su gato puede haber recibido un golpe en el pecho ya tiene la causa del problema. Si no podría tratarse de una infección en la vías respiratorias o de líquido acumulado en la cavidad pleural u otros problemas pulmonares.

Rascarse o lamerse en exceso: quizá su gato ha comido algo que se sale de su dieta habitual y es alérgico, pero muy probablemente se deba a parásitos externos. Aplique el tratamiento adecuado excepto si además presenta heridas en la piel que puedan significar lesiones internas.

Problemas en el parto: normalmente las gatas paren sin problemas pero puede suceder que no sea así, por ejemplo en las razas de cabeza grande como los persas. Si se inician las contracciones y la gata no expulsa feto alguno deberemos acudir al veterinario. Si alguna placenta quedase retenida en el interior podría producir una infección. En ese caso la gata dejará de comer y de ocuparse de sus crías por lo que hay que consultar también con el veterinario.

Problemas oculares: los gatos pueden sufrir conjuntivitis, cataratas o infecciones graves. Ante cualquier alteración ocular se debe acudir al especialista. Problemas en las orejas: además de leves infecciones como la otitis posiblemente se deba a pequeños parásitos.

Pérdida de equilibrio: los traumatismos suelen estar en el origen de un caminar irregular e incoordinado pero también puede deberse a causas infecciosas graves y se debe acudir lo antes posible al veterinario en estos casos.

Agarrotamiento/parálisis: este es uno de los síntomas inequívocos de que su gato está en grave peligro a causa de graves lesiones cerebrales, cervicales o posible envenenamiento.