Trastornos con la edad

Introducción

Existen una serie de trastornos físicos y psicológicos que tienden a aparecer vinculados a determinadas fases de la vida del gato.

Las etapas más delicadas son los primeros años de vida y la vejez, donde suelen concentrarse este tipo de dolencias relacionadas con la edad. Los gatos son animales en general muy equilibrados si son educados correctamente y crecen en un ambiente sano y normal, sin padecer traumas de ningún tipo. Sin embargo, existen una serie de trastornos fisiológicos y psicológicos que se asocian a determinadas fases de la vida del gato. Las etapas en las que se concentran este tipo de enfermedades son la etapa de cachorro y la vejez, cuando los gatos son especialmente frágiles y propensos a contraer dolencias graves o poco preocupantes en adultos.

En cachorros

Enfermedades en cachorros

La principal enfermedad típica de los primeros años de edad de los felinos domésticos es la rinotraqueítis felina o gripe del gato que causa verdaderos estragos en cachorros no vacunados. Sus síntomas son dificultades respiratorias, fiebre, mucosidad, estornudos, conjuntivitis, lagrimeo, tos y ulceraciones en la córnea.

Otras enfermedades víricas graves especialmente en esas edades son la peritonitis infecciosa felina, la leucemia felina y la inmunodefiencia felina, frecuentemente contraídas por vía materna.

Trastornos de comportamiento en cachorros

Durante la fase de crecimiento y desarrollo del cachorro pueden aparecer diversos trastornos de comportamiento, de entre los cuales la hiperactividad es el más común. Se caracteriza por un exagerado nivel de actividad acompañado de nerviosismo y una falta de control de sus movimientos. El principal síntoma de esta dolencia es la desorganización de la actividad motriz, con comportamientos como el de explorar de manera incompleta y repetitiva los mismos lugares y objetos. Además, se reduce drásticamente la aparición de signos de parada en la actividad motriz, de forma que rara vez se detiene para descansar. Asimismo, el trastorno viene acompañado de hipervigilancia, hiperreactividad ante el más ligero estímulo e hiperexcitabilidad.

En la vejez

Enfermedades de la vejez

Por término medio, los gatos alcanzan la vejez a partir de los ocho años, aunque su estado físico y psicológico dependerá de las condiciones ambientales en las que haya vivido, su nutrición y otros factores de diferente tipo, como por ejemplo la genética. En cualquier caso, existen una serie de dolencias íntimamente relacionadas con la vejez del gato, como la enfermedad intestinal inflamatoria, diferentes problemas dentales, distintos tipos de diabetes, diversas enfermedades cardiovasculares, renales y pancreáticas, la obesidad, la anemia, la lipidosis hepática secundaria, el cáncer, el hipertiroidismo, la hipertensión y diversas hepatopatías, entre otras.

Trastornos de comportamiento en la vejez

Además, en los gatos mayores también son muy comunes diferentes problemas de comportamiento debidos fundalmente a la degeneración de las funciones neuronales. Así, es fácil que aparezcan diferentes alteraciones de la función mental, como dificultad para reconocer lugares o personas, alteraciones del ciclo sueño-vigilia, desorientación, problemas de agresividad derivadas de trastornos neurológicos o bien causadas por el dolor ocasionado por dolencias físicas y dificultad para adaptarse a los cambios.

La importancia de la vacunación y las revisiones

Tanto los cachorros como los gatos de edad avanzada tienen el sistema inmunológico debilitado, de forma que no pueden defenderse de infecciones y agresiones externas con la facilidad con la que lo hacen los ejemplares adultos. Es por ello que durante estas etapas deberemos prestar una atención especial a nuestro gato, con visitas más frecuentes al veterinario. En estas etapas, seguir rigurosamente los plazos de vacunación y realizar revisiones periódicas es fundamental para garantizar el buen estado de salud de nuestra mascota. Tengamos en cuenta, por ejemplo, que problemas como la aparición de parásitos, la obesidad o un resfriado pueden derivar en complicaciones mucho más graves en un gato anciano o cachorro que en un adulto.