Un segundo gato en casa

Introducción

Si tenemos un gato, y deseamos introducir un nuevo felino en nuestro hogar, es muy importante que tomemos una serie de medidas para que el proceso de habituación de ambos gatos a la nueva situación sea lo menos traumático posible. Antes que nada, es importante conocer un poco de la psicología felina y entender el comportamiento natural de esta especie y sus necesidades vitales.

Los gatos son animales originariamente solitarios en la naturaleza pero se sabe que, en determinadas circunstancias, también pueden formar colonias. Para ello, se tienen que cumplir una serie de condiciones:

-Posibilidad de convivencia: que exista suficiente espacio para todos los gatos y que las personalidades de los gatos sean mínimamente compatibles.

-Ambiente físico adecuado: espacios apropiados, con lugares suficientes de descanso, alimento suficiente, diferentes zonas para orinar y defecar, etcétera.

-Oportunidad para exhibir el comportamiento depredador y de consumo de alimento.

Esto último significa que un gato se adaptará mejor a convivir con otros gatos, si ya de entrada tiene posibilidades de juego y distracción que imiten a lo que haría de forma natural: cazar insectos, juguetes que imitan a sus presas (ratones, pájaros, pequeños reptiles) o juguetes con comida en su interior que requieren un esfuerzo para poder consumirla.

Un gato o dos gatos

Un gato o dos gatos

Antes de tomar la decisión de introducir un segundo gato en el hogar, debemos analizar si las condiciones del gato que ya convive con nosotros permitirán que se adapte bien a compartir el espacio con un nuevo individuo de su especie. La mayoría de los gatos bien socializados acaban adaptándose a convivir con otro gato y disfrutando de su compañía, pero algunos no lo consiguen.

Un gato que ha sido separado de su madre y hermanos demasiado pronto (antes de un mes) o que apenas ha tenido contacto con ellos o con otros gatos desde el nacimiento hasta los 3 meses de vida, difícilmente podrá adaptarse a vivir junto a otro gato. En este caso, la mejor opción es no adquirir un segundo felino porque ninguno de los dos será feliz.

En el caso de tener un gato macho no castrado, no es muy buena idea que el segundo gato sea también macho y sin castrar. La rivalidad entre machos en la especie felina es muy grande y les resulta muy difícil compartir territorio. En la naturaleza necesitarían hasta 1.000 hectáreas de terreno para cada uno (casi 4 veces más que los requerimientos de territorio que las hembras). Es posible que no lleguen a enfrentarse o pelearse pero la frustración que generará su rivalidad les obligará a marcar el territorio de forma intensa para sentirse más seguros; es decir, alguno de los dos o ambos, orinarán y defecarán por cualquier parte de la casa, además de en la arena.

Un cachorro

Si introducimos un gatito cachorro, el proceso también será más fácil, porque el primer gato lo aceptará con más facilidad que si es adulto y el segundo hará el proceso de socialización con su futuro compañero de casa, lo que es perfecto.

En resumen, si queremos tener dos gatos, es casi imprescindible que ambos estén bien socializados y, sobre todo si son machos, al menos que uno de los dos sea un gato esterilizado, preferiblemente los dos.

Si se trata de dos hembras, o macho y hembra, es más probable que congenien pronto, pero si todos están esterilizados todavía es más fácil, porque reducimos el factor hormonal. Por último, si uno de los dos es un cachorrito (entre 1,5 y 2,5 meses), a poder ser el nuevo gato, mejor todavía.

El espacio es vital

Como ya hemos dicho, los metros cuadrados de nuestra vivienda serán un factor limitante de primer orden, pero también, y esto es muy importante, hay que pensar en 'las tres dimensiones' del espacio. Esto significa que a veces, si vivimos en un piso muy pequeño, podemos incrementar mucho el espacio vital de los gatos instalando estanterías en las paredes o plataformas elevadas del suelo con materiales adecuados, donde los gatos puedan acceder para tumbarse, descansar y aislarse cuando quieran tranquilidad.

Otra opción para generar espacios vitales es colocar biombos para dividir algunos espacios, o cajas vacías con los mismos objetivos: proporcionar lugares de aislamiento y descanso para cuando cualquiera de los dos gatos los necesiten.

El agua y la comida

Una regla de oro a tener en cuenta es que debemos tener un recipiente para el agua y otro para la comida por cada gato. En el caso de la bandeja de arena, lo ideal sería tener una bandeja también para cada uno de ellos más una bandeja adicional. Esto no significa que no vayan a compartir sin problemas todos los recursos a su alcance (platos y bandejas) pero necesitan saber que hay de todo para todos si queremos que sean felices.

Pasos a seguir

Pasos a seguir

Si queremos que la introducción del segundo gato sea lo menos traumática posible para ambos y exitosa, deberemos intentar seguir unos pasos concretos. Los cambios no gustan demasiado a los felinos, así que, cuanto más lentos, suaves y graduales, mucho mejor.

-Llevaremos a casa, antes de introducir al segundo gato, alguna pieza de ropa (toalla, mantita, etcétera.) que haya estado en contacto con el nuevo gato e impregnada de su olor. Podemos frotar el tejido sobre la superficie de la piel de las mejillas del gato nuevo, o sus almohadillas plantares, donde se segregan gran cantidad de feromonas. El primer gato tendrá, así, la oportunidad de reconocer los olores del nuevo antes de tener contacto visual con él. Dejaremos que olfatee y explore el material a su antojo y que juegue o repose sobre él si lo desea. Esta operación e puede repetir varias veces si tenemos el tiempo suficiente. -El primer día que el nuevo gato llegue a casa, lo ideal sería que ni siquiera puedan verse y menos tocarse. Esto se consigue situando al gato nuevo en una de las habitaciones con la puerta cerrada, de manera que ambos puedan olerse y escucharse solamente. Observaremos sus reacciones ante la novedad.

-La siguiente fase es permitir el contacto visual: el gato nuevo se colocará dentro de un transportín para que puedan verse ambos pero no tocarse. Por cortos espacios de tiempo al principio, unos 30 segundos.

Después, dejaremos que el primer gato se acerque si lo desea sin intervenir, a menos que alguno de los dos se enfade mucho. En ese punto, interrumpiremos el contacto hasta el día siguiente.

-Finalmente, si todos los pasos anteriores han salido bien, dejaremos que se puedan encontrar físicamente. Lo ideal es un espacio amplio con lugares donde puedan esconderse si se asustan mucho: tras un sofá, alguna caja de cartón grande vacía, etcétera, y siempre con nuestra supervisión y presencia, para actuar, solo en caso de conflicto.

Si los gatos, a pesar de todo el proceso, llegasen a enfrentarse físicamente, podemos tener preparado un spray de agua, y pulverizarlos, pero solo si se pelean. Esto interrumpirá la lucha y nos permitirá separarlos hasta el nuevo encuentro.

Esta sería la forma ideal de introducir un segundo gato en casa y conseguir que ambos sean futuros compañeros de juegos y andanzas; que duerman juntos y se cuiden y protejan. No siempre todos los pasos son necesarios, pero si los seguimos, les estaremos ayudando mucho en el proceso de adaptación.

Cómo saber que dos gatos se llevan bien

Sabremos que los gatos han congeniado cuando les veamos jugar juntos a ratos (esto incluye los juegos en que parece que pelean pero no se hacen daño), cuando se acicalen el uno al otro y, sobre todo, cuando lleguen a dormir o descansar acurrucados. Si observamos que pasan todo el tiempo separados, que se evitan continuamente y que cuando, por azar, coinciden... se bufan y se amenazan, es que la cosa no va bien. Si alguno de ellos orina y/o defeca fuera de la arena, es que está angustiado por la nueva situación y no la ha aceptado todavía. En estos casos, nos puede ayudar el uso de feromonas artificiales que se aplican en las superficies o en las mantas de los gatos para ayudar a su compenetración.