El cachorro

Introducción

Los cachorros nacen con los oídos y los ojos cerrados y deben permanecer junto a la madre las dos primeras semanas de su vida. En este tiempo se dedican, principalmente, a dormir, a alimentarse de su madre y empiezan a desarrollar sus capacidades locomotoras.

La separación de la madre

El tiempo entre que el cachorro nace y su madre lo acaba separando de ella pasa por tres momentos bien definidos.

Período neonatal. En estos primeros momentos el cachorro está recién nacido. No puede ver ni oír ya que tiene los ojos y los oídos cerrados y depende por completo de su madre. Se mueve con torpeza y dificultad, para conseguir el alimento de su madre, y su organismo está formándose, tanto su aparato locomotor como su sistema nervioso, -córtex cerebral, nervios…-. Tan solo tiene activos los sentidos del olfato, del tacto y del gusto, pero tampoco necesita mucho más ya que su madre se preocupa de alimentarlo, protegerlo y abrigarlo -tampoco tiene madurez térmica-. En este tiempo, que suele durar unas dos semanas, también es su madre la que se encarga de estimular el vientre con la lengua para que pueda defecar y orinar. El momento en el que se puede dar por concluido es cuando abre los ojos.

Período de transición. Dura solo unos 7 días -entre el día 14 al 21- pero es un tiempo crucial. La formación física se va completando y, por ejemplo, finaliza la corticalización, o madurez de la zona del cerebro. Éste es el momento de realizarle algunas pruebas y controles, como por ejemplo el de la vista, a partir del día 18, o unas pruebas de equilibrio y desarrollo muscular, para comprobar que están alcanzando el tono que deben. La señal de que esta etapa está concluyendo es cuando comienza a oír.

Período de socialización. A partir del día 21 la madre comienza a enseñarle el complejo mundo de la comunicación y la relación con sus semejantes. Si en un primer momento es la progenitora la que les facilita todo -alimento, protección, cobijo…- ahora es ella misma las que, una vez que pueden mantenerse firmes, los empuja al mundo exterior, y a las relaciones entre la camada o la manada, en caso de que haya varios perros conviviendo. El cachorro pasa en unas semanas de recibir el alimento triturado y regurgitado de su madre a pelearse por un trozo de la comida disponible. Aprende de este modo las jerarquías -relaciones sociales- y a establecer vínculos y alianzas con otros perros. Este tiempo de aprendizaje se prolonga hasta las ocho semanas de vida.

Tiempos de aceptación

Dependiendo de la raza, este proceso puede producirse antes o después. Por ejemplo, las razas pequeñas son más precoces que las grandes. También las hembras permanecen más tiempo al lado de su madre. Si al macho lo aleja de sí hacia los cuatro meses, a veces hasta con una actitud un poco agresiva, a las perras las protege hasta que alcanzan la pubertad -sobre los seis meses-.

El primer año de vida canina suele equivaler a unos veinte de vida en el hombre, por eso es crucial su desarrollo en este tiempo.

El juego

Los cachorros aprenden pautas de comunicación y relaciones a través de su inserción en la camada y del juego con sus hermanos. Las jerarquías, el liderazgo… son reflejos que quedan fijados en esta etapa. Por ejemplo, descubren que para mostrar sumisión o pedir que cese un comportamiento del otro, han de tumbarse sobre su espalda, con las patas hacia arriba. Este tiempo lúdico les permite aprender a controlar la potencia de su mandíbula y saber hasta dónde apretar cuando se juega o hasta cuando hay que hacerlo para defenderse o atacar. Otro de los conceptos que aprenden con rapidez es la medida de su propia fuerza, a través del contacto con otros cachorros.