El cachorro Lhasa Apso

Introducción

Procedente del techo del mundo, este cachorro apunta maneras felinas desde sus primeros meses de vida. Independiente y seguro de sí mismo, el cachorro Lhasa Apso es capaz de conseguir lo que quiere de su dueño gracias al atractivo e influjo que desprende.

Su dueño debe ser capaz de no caer rendido a sus encantos y adiestrarlo para evitar que aflore su fuerte personalidad. Adorado por los tibetanos y considerado un auténtico lama en la forma de un perro, el cachorro Lhasa Apso peca con frecuencia de tener un carácter algo complicado y endiosado. Tiene una personalidad muy firme que debe ser trabajada en sus primeros meses de vida si no queremos que este pequeño orgulloso se quiera convertir en el verdadero rey de la casa. Para evitar que acabe por convertirse en un animal caprichoso, hay que inculcarle el concepto de obediencia desde bien joven.

Independiente, pero no solitario

Este cachorro tan elegante y refinado puede parecer muy independiente –realmente lo es- y autosuficiente. Su carácter es comparado frecuentemente con el de un gato por estos rasgos precisamente. Sin embargo, no debe llevarse a engaños. El cachorro de Lhasa Apso es un animal muy sociable que necesita el contacto con seres humanos. La soledad le entristece mucho, por lo que hay que evitar dejarle solo demasiado tiempo.

Un oído privilegiado

El cachorro Lhasa Apso destaca, además de por su fuerte carácter y afición a ladrar, por el excelente oído que posee. Esta virtud llevó a que ejemplares de esta raza fueran los encargados de custodiar la sala imperial del Dalai Lama en su Lhasa natal. Por otro lado, y como ejemplo de su aguda sensibilidad, el Lhasa Apso es capaz de predecir una avalancha de nieve, lo que le ha permitido acompañar a sherpas y exploradores en duras travesías por las alturas de la cordillera del Himalaya.

El acicalamiento como maniobra de adiestramiento

El particular carácter del cachorro Lhasa Apso le lleva a no aceptar de buen grado la autoridad que su dueño busca imprimirle. En este sentido, las sesiones de acicalamiento, obligatorias en un cachorro con un manto tan delicado como el del Lhasa Apso, se convierten en una inmejorable arma de adiestramiento que refuerza el dominio del dueño sobre su cachorro y también sirve para fomentar nuestras relaciones afectivas con él. Dado el fuerte carácter del cachorro, en primer lugar, el dueño tendrá que servirse de golosinas para conseguir mantenerlo tranquilo, algo que progresivamente podrá ir sustituyendo por felicitaciones verbales. Todos los gestos del acicalamiento –levantar al cachorro, aguantarle la cabeza, abrirle la boca- consiguen asentar la autoridad del dueño sobre el perro y mejorar el vínculo social y afectivo.

¿Cómo acicalarlo?

El material que necesita el dueño para acicalar al cachorro Lhasa Apso debe estar formado, básicamente, por un cepillo de cerdas de jabalí, un peino fino y unas tijeras. El cachorro debe colocarse encima de una mesa cubierta con un plástico y para ello el dueño debe pasar un brazo alrededor de su pecho y de los miembros anteriores y el otro alrededor del cuatro trasero. Una vez acomodado –es recomendable mantener al cachorro de pie sujeto con un dedo que pase por el interior del collar- se comienza a cepillar el manto sin olvidar las patas ni la cola. Hay que ser cuidadoso, ya que el pelo largo y grueso que tiene el cachorro Lhasa Apso se enreda con facilidad en la cara interna de las patas. Las zonas más delicadas requieren de un cepillado mucho más sensible. Conviene acompañar el cepillado con caricias y palabras cariñosas para ayudar al cachorro a tener paciencia. Es preferible recortarle las uñas después del baño, ya que entonces se encuentran más flexibles. Tras el baño, debe secar bien al cachorro y alejarlo de las corrientes de aire.