¿Innato o adquirido?

Introducción

Los perros tienen dos tipos de comportamiento. El innato es el que se transmite a través de la herencia genética, mientras que el adquirido se basa en la experiencia y la educación recibida a lo largo de su vida. El ambiente es determinante en el equilibrio entre los dos tipos de comportamiento.

Comportamiento innato

El comportamiento innato es el que se hereda genéticamente igual que se transmite el color, el tamaño o la forma. Por eso se puede hablar de cierta tendencia a mostrar un determinado carácter entre los animales que pertenecen a la misma raza. Este tipo de comportamiento no tiene que ver con el ambiente en el que se desarrolla o las condiciones en las que vive y, aunque sean cambiantes, estos factores no lo influyen ni lo alteran. Un ejemplo de comportamiento innato es la defensa de las crías que hace la madre. Aunque tengan confianza plena en su propietario, algunas perras pueden enseñar los dientes y gruñir si alguien intenta acercarse o manipular a sus cachorros.
La defensa del territorio o la búsqueda de alimento son otros comportamientos innatos.

Comportamiento adquirido

Se denomina así al comportamiento que se aprende a lo largo de la vida. En este caso, el ambiente, la educación y las experiencias son determinantes, y puede ser cambiado a través de un aprendizaje adecuado.

Al depender de las experiencias individuales, cada perro acaba desarrollando su propio comportamiento adquirido. Ejemplos de este tipo de comportamiento son el hecho de aprender a evacuar en determinados momentos -durante un paseo- o en un lugar concreto -en el jardín y no en el salón-, o aprender a sentarse, tumbarse o quedarse quieto al escuchar la señal del propietario.

Los comportamientos adquiridos pueden ser muy variados y no siempre se trata de comportamientos que el animal realiza de forma voluntaria: como resultado de la experiencia, los animales pueden aprender a realizar algunos comportamientos reflejos en contextos particulares. Un perro que saliva al ver un trozo de carne está mostrando una respuesta innata de salivación refleja. Sin embargo, en un famoso estudio de fisiología de finales del siglo XIX sobre la salivación del perro, se demostró cómo, después de asociar varias veces el sonido de una campana con la entrega de un trozo de carne al perro, el solo sonido de la campana llegaba a hacer salivar al perro, aun cuando la carne se había retirado de la prueba. Claramente solo el perro que ha hecho este tipo de experiencia ha adquirido una respuesta de salivación al oír el sonido de una campana. Gracias a este trabajo se desarrolló la ley del reflejo condicionado. El trabajo lo firmó el fisiólogo ruso Iván Pávlov.

La búsqueda del equilibrio

Sin duda, el equilibro se alcanza al tratar de mantener las características propias de un perro -es decir, su comportamiento innato- compaginándolas con una educación correcta que refuerce, mediante experiencias positivas, un comportamiento adquirido adecuado. Proporcionar al perro un ambiente idóneo le ayudará a desarrollar y potenciar de los aspectos más positivos de su carácter heredado genéticamente.

El equilibrio entre el comportamiento innato y adquirido de los animales es fundamental para que un perro sea estable y sano tanto mental como físicamente.