Problemas para tragar: la disfagia

Introducción

La disfagia es un problema grave, no tan solo por la dificultad, o incluso la imposibilidad para comer que tiene el perro, sino por la causa de este trastorno. Entre los motivos de esta situación pueden estar un tumor, una lesión o haber tragado un cuerpo extraño.

Hay que observar al perro mientras come. Dos son los síntomas claros de que existe un problema. En primer lugar, el animal muestra dificultades para tragar los alimentos. Solo con esta señal ya hay llevarlo al veterinario. Si además rechaza la comida, hay que actuar con rapidez. Significa que le resulta tan molesto el hecho de tragar que prefiere no comer. En ambos casos, el especialista en medicina animal le realizará una exploración para averiguar los motivos de este trastorno denominado disfagia y que, etimológicamente, significa: 'dificultades en la deglución'.

Orígenes

Las causas de la disfagia son diversas, desde un traumatismo a una lesión neurológica, dental, una alteración del paladar o incluso un tumor. Tampoco hay que descartar motivos hereditarios, aunque uno de los más frecuentes es haber ingerido cuerpos extraños o alguna sustancia tóxica. Una radiografía puede ser suficiente para detectar el origen, pero en ocasiones se necesitan algunas pruebas más, como la administración oral de una papilla de bario -un líquido que permite ver mejor estómago e intestinos con los rayos X para ver cómo digiere el sistema digestivo los alimentos- o practicarle una endoscopia para confirmar una disfagia cuya causa está en el esófago.

Tipos de disfagia

Tipos de disfagia

En función del lugar donde tenga su origen la disfagia, puede hablarse de tres tipos: entre la boca y la faringe; la faringe y el esófago; o el esófago y el estómago. En la primera situación, entre la boca y la faringe, el perro apenas puede tomar el alimento con la boca y los motivos de esta disfagia suelen encontrarse en infecciones bucales como gingivitis, una lesión muscular -malformación o inflamación -, un cuerpo extraño, un tumor en la boca, una malformación congénita -paladar hendido, por ejemplo-,una fractura o luxación de la mandíbula o una lesión neurológica que altera los centros nerviosos que controlan el proceso de tragar que puede causar parálisis de la lengua o parálisis de la mandíbula.

En el segundo supuesto -entre la faringe y el esófago- observaremos que el perro puede tomar alimento con la boca, pero tiene muchas dificultades para tragarlo, estirando el cuello hacia arriba, y tendrá náuseas. El motivo puede residir en la ingestión de un cuerpo extraño o una sustancia tóxica que inflamen toda la zona, aunque no hay que descartar un motivo congénito, o un quiste de saliva. En caso de tratarse de una lesión entre el esófago y el estómago, la disfagia puede originarse por un problema del esófago, como una dilatación –megaesófago-, una inflamación -esofagitis-, una lesión neurológica o una hernia de hiato -se produce reflujo del estómago al esófago-, pero también hay que contemplar la presencia de un tumor o un cuerpo extraño en el esófago.

Tratamiento

Tratamiento

El veterinario decidirá, tras evaluar las pruebas realizadas, cual es el mejor tratamiento que se le debe aplicar. En algunos casos puede tratarse de forma médica, ayudándole con una alimentación líquida o incluso de forma artificial si llega al extremo de que no puede tragar en absoluto y tratando las posibles causas -infecciones, inflamaciones etcétera). Si el problema es una distensión del esófago habrá que darle de comer situando el plato de comida en alto en lugar de en el suelo. Si se trata de una malformación hereditaria -hendidura en el paladar-, una fractura de mandíbula, un cuerpo extraño, un quiste de saliva, o se detecta un tumor, con toda probabilidad será necesario realizarle una operación. El profesional será quien pueda tomar la decisión adecuada en cada caso. Es necesario que el perro esté hidratado. Hay que darle agua en pequeñas cantidades, ya que le resulta molesto tragar, pero hacerlo con frecuencia.

Deglución normal

El proceso normal para una correcta ingesta desde la boca hasta la faringe se desarrolla en tres etapas: oral, faríngea y esofágica. El proceso de tragar es un acto reflejo que pone en marcha la lengua, el paladar -óseo y blando-, la faringe, el esófago y la unión gastroesofágica.