Carlino

Altura:
35 centímetros.

Peso: 8 kilogramos.

Color: plateado, negro, albaricoque y beige.

Longevidad: de 10 a 12 años; algunos pueden alcanzar los 15 años.

Características

Inteligente, equilibrado, simpático, alegre o juguetón son algunos de los adjetivos que pueden definir perfectamente a este perro que ha sido injustamente tratado en el pasado, cuando algunos autores lo acusaron de tener mal carácter.

Sus orígenes son un poco difusos, pero al parecer se sitúan en China, donde era uno de los preferidos de los emperadores e incluso podrían haberlo considerado como un animal sagrado. Hay documentos datados en el siglo II a.C. que podrían hacer ya referencia a los Carlinos, situándolos junto a la realeza. De hecho, existen porcelanas donde pueden verse retratados. Los comerciantes holandeses lo habrían descubierto alrededor del siglo XVI y haberse rendido a sus encantos, ya que se llevaron algunos ejemplares con ellos, aunque Portugal también defiende el hallazgo de este pequeño; lo que es seguro es que tras la holandesa, en el resto de las cortes europeas tuvo un gran éxito. Su origen podría estar en el cruce entre los pekineses y los pequeños mastines que vivían en palacio.

Estándar

El Carlino es un perro fuerte y pequeño, de apariencia cuadrada, musculosa y bien proporcionado. Es un perro enano -mide 35 centímetros hasta la cruz y su peso ideal no supera los ocho kilos- con aspecto de bulldog. Su longevidad está entre los diez y los doce años.

El pelo es liso, corto, suave y brillante; y sobre los colores -se aceptan plateado, negro, albaricoque y beige-, han de ser bien definidos para resaltar bien la estría -línea negra que recorre desde la parte posterior de la cabeza hasta la cola- y la máscara, orejas, lunares y el diamante, en la frente.

La cabeza. Es grande, ancha y redonda. Las arrugas bien definidas que surcan su cara son, quizás, el elemento más distintivo de la raza. Son anchas y profundas.

El hocico es corto y cuadrado, con una trufa en la que las fosas nasales aparecen abiertas. Sus ojos, enmarcados dentro de la máscara, son oscuros, brillantes y grandes, con una expresión dulce. Sus orejas son pequeñas, delgadas y suaves, como si fuesen de terciopelo pueden presentarse doblándose hacia detrás -oreja en rosa-, o hacia delante -de botón-. La cabeza, que no ha de tener forma de manzana, se asienta sobre un cuello grueso, corto y fuerte.

El cuerpo. Es corto y de pecho amplio. El Carlino es un perro con el tronco compacto y un pelaje corto y suave. Al final de la espalda se sitúa la cola, de inserción alta, que se enrosca de forma apretada, sobre la cadera. En ocasiones se forman dos tirabuzones, que en las exhibiciones de la raza es un rasgo muy apreciado.

Las extremidades. Tanto las anteriores como las posteriores son fuertes y bien rectas; de hecho, las posteriores, al verlas por detrás, han de estar paralelas. Esta posición, bien colocada bajo el cuerpo, le aporta su andar característico, con ese suave balanceo de los cuartos posteriores. En los pies se aprecian los dedos, que están bien separados, con las uñas de color negro.

Carácter

El pequeño Carlino es un excelente animal de compañía: juguetón, educado, fuerte y cariñoso. Durante mucho tiempo proliferaron algunas voces críticas con esta raza que los tachaban de ser huraños y poco sociables, pero podría preguntarse a cualquier propietario de uno de estos animales si es así. Rápidamente podrá rebatir estos argumentos. El Carlino es un perro muy sensible, y su emotividad se trasluce a través de su mirada, brillante de forma habitual y llena de fulgor cuando se excita, algo que no le cuesta demasiado, ya que es un perrillo vital y alegre, al que le encanta hacer fiestas y todo tipo de expresiones de cariño hacia los suyos.

Recordando que es un buen guardián

Estos ejemplares son enormemente cariñosos con sus propietarios y se relacionan estupendamente y de forma educada con aquellos que le son presentados. Posee una gran memoria, así que, a pesar de no verlos demasiado, puede recordarlos. Con los extraños dejará salir su carácter de perro guardián y afrontará un posible peligro, sin importarle su pequeño tamaño, ya que acostumbra a sentirse bien seguro de sí mismo, y sus ladridos, poco frecuentes, los reserva para estas ocasiones.

Sociable y juguetón

Con los niños es otra cosa. Como le encanta jugar, su relación con ellos suele ser excelente, sin hacer distinciones por la edad. Los pequeños encuentran en él un verdadero aliado. Disfrazarse, subirse en los columpios, hacer de bebé… casi cualquier cosa que quieran hacer con él le parece bien. Lo que más le molesta es que lo ignoren, así que ser el protagonista de alguna aventura infantil es toda una delicia para su carácter mimoso. Con los adultos también se relaciona bien y aunque le gusta estar en el regazo de su propietario, con los que no son miembros de la familia no se muestra demasiado cercano.

Un bajito muy curioso

Recordando sus orígenes aristocráticos, el Carlino es un perrito refinado, al que le encanta tumbarse en su cojín favorito, bien mullido y estirarse en busca de comodidad y un rato de tranquilidad. Si no se encuentra bien tirado en su cesto hay que buscarlo por algún lugar un poco elevado, como una silla, un baúl, una escalera… parece tener una necesidad de observar el mundo de que rodea desde las alturas, para poder controlarlo mejor. Quizás este hábito es un recuerdo de su naturaleza de guardián, o tan sólo sea un rasgo de curiosidad enorme. En su educación hay que recordar que dentro de esos 35 centímetros y ocho kilos, se esconde un ser inteligente. Hay que mostrarse firme, él entenderá las consignas. Por otra parte, mantener una regularidad en sus rutinas le dará estabilidad.

Día a día

El Carlino es un perfecto compañero para aquellos que residen en la ciudad. Le encanta salir y dar paseos por el campo, pero al final del día querrá volver las comodidades de su piso confortable y su rincón mullido, cómodo y tranquilo.

Además, como son excelentes guardianes, les encanta quedarse al cuidado de la vigilancia de la casa. De hecho, puede permanecer atento y firme a la entrada de una habitación, si se le pide y no entrará si se le ha prohibido. Así que, no le preocupa quedarse esperando a que su propietario regrese del trabajo. Eso sí, en cuanto regresa reclama su atención y, sobre todo, su paseo.

Atado, por su seguridad

Aunque no se trata de un perro deportista, es decir, hay que olvidarse de sacarlo como compañero de footing, al Carlino le gusta dar paseos por la ciudad y por el campo, donde no hay que preocuparse por ponerle una correa ya que no se irá nunca demasiado lejos. En la ciudad sí que hay que utilizarla, más que nada por la prevención de un atropello: su pequeño tamaño y su color lo hacen pasar desapercibido para los conductores la mayoría de las veces. El parque es un buen lugar para dejarlo hacer relaciones con otros canes, ya que acostumbra a relacionarse bien con ellos.

La dieta

Sobre su alimentación hay que esconder bien los dulces y los caramelos. Es un goloso, pero no le hacen ningún bien. Es preciso prever unos 200 gramos de dieta seca, al día.

Cuidados

Salud

El Carlino es un perro fuerte y saludable, aunque tiene un punto débil. Su hocico chato le provoca problemas respiratorios, sobre todo si nace con orificios nasales más estrechos de lo normal. Es propenso a ahogarse, por eso elude el deporte y los ejercicios vigorosos. Hay que tener cuidado con la ventilación y evitar los ambientes cerrados, en especial en época estival y en zonas de mucho calor. Un viaje largo en coche se suele desaconsejar. En ocasiones en las que se vea que comienzan a tener dificultades conviene refrescarlos con toallas húmedas y abanicarlos.
Además, esta raza está predispuesta a algunas enfermedades hereditarias como luxación de rótula, enfermedad de Legg-Calvé-Perthes -consiste en una deformación de la cabeza del fémur que produce dolor y cojera-, colapso de tráquea, shunt portosistémico- es una anomalía vascular que hace que la sangre evite el filtro del hígado y que se acumulen substancias tóxicas para el sistema nervioso-, todas ellas frecuentes en razas pequeñas y toy; y también a una enfermedad típica de esta raza, aunque no demasiado frecuente, la encefalitis del Carlino, que produce convulsiones y síntomas neurológicos .

Higiene básica

 

En su higiene diaria hay que prestar atención a sus expresivos ojos, que por su posición están más expuestos a pequeñas heridas y, sobre todo, al polvo. El mejor cuidado es lavarlos con suero fisiológico.

También el pliegue que tiene en su hocico es una zona delicada. Hay que limpiarlo con suero fisiológico y aplicar un poco de vaselina. También conviene retirar polvo y suciedad del resto de arrugas de su rostro.

La cría

En el caso de las hembras, como precaución, a menudo han de ser asistidas por un veterinario en el momento del parto, ya que es un momento muy difícil para ellas, debido al gran tamaño de las cabezas de los fetos y la estrechez del canal del parto de la madre.

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