Galgo afgano

Altura:
de 62 a 74 centímetros.

Peso: entre 25 y 30 kilogramos.

Color: gran diversidad de colores aunque proliferan especialmente el rojo, el negro y el matiz leonado.

Longevidad: de 12 a 15 años.

Características

Majestuoso y elegante como pocos, el Lebrel Afgano es, sin lugar a dudas, el lebrel más espectacular de todos cuanto forman la familia. Su pelaje largo y ondulado, sus andares y sus gruesas patas peludas que parecen unos 'pantalones' le confieren un aspecto extremadamente singular y un aire ciertamente aristocrático. No en vano, la leyenda dice que fue la raza escogida para representar a la especie canina en la mítica Arca de Noé.

Leyendas aparte, fueron seguramente mercaderes persas los que introdujeron esta raza en Afganistán, de donde ha acabado tomando el nombre. Fue el perro preferido por la nobleza que vio en él un veloz cazador –entre sus presas había gacelas, zorros, antílopes, lobos en incluso panteras- muy resistente para el duro invierno de las montañas afganas. Ya en el siglo XIX hizo su triunfal aparición en Europa donde rápidamente se ganó los favores de la aristocracia por su elegante porte.

Con una apariencia tan sofisticada no es de extrañar que con el paso de los años se convirtiera en uno de los perros más aclamados en los concursos y que en los años ochenta del siglo XX se erigiera como el perro de moda. No obstante, en su Afganistán natal, el Lebrel Afgano sigue siendo utilizado para guardar rebaños y como un incuestionable cazador.

Estándar

Características generales. Apariencia aristocrática. Destaca por su velocidad, agilidad, fuerza y resistencia.

Cabeza, cara y cuello. El cráneo, con un occipital prominente, es largo y está cubierto de abundante pelo. Tiene potentes mandíbulas en las que los dientes encajan perfectamente. La trufa es habitualmente negra, aunque en los ejemplares de colores claros puede ser salmón claro. Los ojos, de forma triangular y ligeramente oblicuos, son normalmente oscuros, aunque algunos ejemplares pueden tenerlos de color dorado. Las orejas cuelgan a ambos lados de la cara y están cubiertas de largos pelos sedosos. El cuello es largo y fuerte y lleva la cabeza de manera altiva.

Cuerpo. Tiene el dorso de longitud mediana, llano y muy musculado. El pecho es profundo y en él sobresalen las costillas. El riñón es recto, corto y fuerte. Por lo que respecta al pelo, es largo, fino y sedoso en todo el cuerpo y constituye su rasgo más diferenciado. Solo en la cara el pelo es más corto y apretado y puede no tener en la zona de las rodillas y las muñecas.

Extremidades. Las piernas poseen una osamenta potente y tienen los codos pegados al cuerpo. Los hombros son oblicuos, largos y musculosos, lo que le confiere una impresión de potencia y fuerza notable. Los miembros posteriores son potentes con los corvejones bien acodados. Los pies anteriores son anchos y fuertes y los posteriores largos y de menor anchura, cubiertos todos con pelo denso y largo. Los dedos son arqueados y las muñecas largas y flexibles.

Carácter

No hay que dejarse llevar por las primeras impresiones y juzgar al Lebrel Afgano por su sofisticada apariencia. Pese a su aspecto algo refinado y con un toque esnob, tiene muy buen fondo y es un encanto de perro, amable, afectuoso y lleno de inteligencia. No hay que confundirlo con un mero objeto decorativo o un complemento de moda. El Lebrel Afgano necesita actividad y le apasiona jugar. Siempre esta alerta ante lo que pasa a su alrededor y deseoso de intervenir en todo aquello que se esté cociendo en su entorno. Le encantan también los niños, eso sí, que no se acostumbren a tirar de su sedoso pelo. ¡La paciencia del Lebrel Afgano tiene un límite!

Un perro con aires de gato

La elegancia que desprende esta raza, su sutilidad, y su carácter ciertamente independiente, le confieren un temperamento algo felino. No es un perro que se deje someter con facilidad, un rasgo que hay que tener en cuenta a la hora de su adiestramiento. Tiene una personalidad muy marcada y debe entender qué es lo que su dueño quiere de él para poder llegar a buen puerto. Si se tiene en cuenta este punto, la relación entre perro y dueño será óptima.

Un mimoso deseoso de caricias

Y es que pese a la sutilidad e independencia que marcan su carácter, y le pueden hacer parecer un perro algo frío, el Lebrel Afgano realmente es muy afectuoso que busca constantemente el cariño de su dueño. Disfruta de las caricias y las palabras amables que su dueño le profiere, ya que es, en realidad, un perro muy sensible. Si, por el contrario, no recibe afecto, puede caer deprimido y, sorprendentemente, su pelo puede acabar perdiendo su gran belleza.

Día a día

¡Un auténtico galgo! Si algo le sobra al Lebrel Afgano es velocidad. Puede alcanzar ni más ni menos que los 50 kilómetros por hora, una velocidad media que puede superar si va esquilado. Este perro adora las carreras y poder sentirse libre en plena naturaleza para quemar toda la energía que atesora. Si su dueño es capaz de asumir que ésta es la naturaleza del perro, y le ofrece un estilo de vida acorde, se convertirán en compañeros inseparables.

Su mantenimiento no es barato

Tiene un porte elegante que cuesta lo suyo. El Lebrel Afgano es un perro que tiene un notable precio de venta pero, sobre todo, tiene un elevado coste de mantenimiento, lo que hay que tener muy claro antes de adquirirlo. Al importante esfuerzo económico que puede suponer tener un ejemplar de esta raza, hay que sumar que los cuidados que hay que dispensarle no son pocos: sus largas melenas obligan a su dueño a tener que cepillarlo de 15 a 20 minutos cada día. Se trata de un perro no apto para gente con un estilo de vida marcado por el estrés. A un Lebrel Afgano hay que dedicarle su tiempo.

Necesita reponer bien la energía que quema

El largo pelo del Lebrel Afgano oculta un cuerpo que es bastante enclenque. Necesita comer bastante ya que sus veloces carreras le hacen quemar mucha energía que debe reponer para seguir en marcha. La cantidad diaria de comida seca recomendada debería rondar los 1.000 gramos. No se preocupe por sobrealimentarlo. No tiene voracidad y conserva siempre su esbelta figura. Su dieta debe contener un aporte de vitaminas y ácidos grasos esenciales suficientes para mantener la salud y el brillo de su largo y abundante pelo.

¡Quiero vivir en el campo!

Con sus aires de gentleman, el Lebrel Afgano es perfectamente capaz de acostumbrarse a vivir en un piso, pero su temperamento pide a gritos la libertad que le puede proporcionar una vivienda en el campo. Si vive en la ciudad, deberá llevarle de paseo con correa, pero si vive en el campo puede prescindir de ella, incluso correr con él, siempre que sea capaz de seguirle el paso a un galgo como éste.

Cuidados

Salud

Acostumbrado a la dureza del invierno afgano, este perro tiene una salud de hierro, que se encarga de mantener con sus grandes dosis de ejercicio físico. Sin embargo, el Lebrel Afgano puede perder pelo en el dorso sin razón aparente, lo cual se deberá pedir cita con el veterinario. Es una raza que tiene una propensión importante a padecer cataratas juveniles que pueden llegar a ocasionarle ceguera parcial, así como otros problemas oculares como displasia de retina y degeneración corneal.

También es una raza con tendencia a padecer quilotórax, que consiste en la acumulación de fluido linfático dentro de la cavidad torácica, lo que provoca dificultad respiratoria. Del mismo modo, dado su tamaño, se puede ver aquejado de displasia de cadera, como tantos otros perros grandes.

Además, es una raza extremadamente sensible al dolor y, como otros lebreles, también es más sensible a los anestésicos.

Higiene básica

Los cuidados que se le deben dispensar a un perro de estas características no son pocos. El espléndido pelaje que luce y que tanta admiración despierta requiere de un cepillado diario de alrededor de 20 minutos para mantenerlo limpio y sedoso. Igualmente, hay que cortarle el pelo cada 3 meses para evitar que se enmarañe. Un baño al mes es lo más idóneo para mantener una higiene adecuada.

Puppy

Desde bien pequeñito es aconsejable acostumbrarle a ser manipulado. A partir de los 6 meses es apropiado comenzar a asearlo encima de una mesa para que se habitúe a este tipo de rutinas que va a tener que experimentar de manera regular.

¿Sabías que ...?

El primer perro clonado del mundo fue un Lebrel Afgano, de nombre Snuppy –acrónimo de Seoul National University puppy- que nació en Corea del Sur en 2005

Productos relacionados