Pequinés

Altura:
de 15 a 25 centímetros.

Peso: de 2 a 8 kilogramos.

Color: todos los colores admitidos a excepción del blanco albino y el color hígado.

Longevidad: de 13 a 15 años.

Características

Poseedor de un halo de misterio innegable, el Épagneul de Pekín, popularmente conocido como Pequinés, es un fascinante perro de salón que causa admiración allá donde va gracias a su elegante porte y su indudable encanto.

Y es que los orígenes del Pequinés están rodeados de leyenda y misterio, lo que ha contribuido a acrecentar la fascinación que muchos amantes de los perros sienten hacia este pequeño Épagneul. Una de las leyendas más mágicas en torno al Pequinés es la que sitúa su origen en el idilio entre un gran león y una pequeña mona, de cuya unión surgió el Pequinés, valiente como su padre león y dulce como su madre mona. No es la única leyenda o historia mitológica en torno a esta raza. De hecho, los chinos llevan miles de años atribuyendo al Pequinés cualidades sobrenaturales y ha sido un animal prolíficamente representado en templos budistas, lo que le llevó a ser considerado como una raza propiedad de la corte imperial durante 16 siglos.

Este carácter de casi idolatría del que era objeto el Pequinés en las cortes imperiales de Oriente se importó a las cortes europeas a mediados del siglo XIX, todo ello pese a la oposición de los exploradores y criadores occidentales que, con una mentalidad más racionalista, quisieron eliminar el supuesto origen mitológico de la raza. A principios del siglo XIX el éxito del Pequinés en Europa era ya un hecho irrefutable.

Estándar

Características generales. Perro de pequeño tamaño pero bien constituido, equilibrado y macizo. Sus particulares andares son uno de sus signos de identidad más característicos.

Cabeza, cara y cuello. Tiene la cabeza maciza con el cráneo ancho y plano entre las orejas y más ancho entre los ojos, que son oscuros y brillantes, prominentes –sin resultar saltones- y de tamaño grande en proporción al resto de la cara. Las orejas, pobladas de franjas de pelo largas, tienen forma de corazón y van pegadas al cráneo. En la cara, el hocico es ancho y arrugado, con el stop bastante profundo. La mandíbula inferior es ancha y sólida con la boca bien colocada y los labios apretados, lo que hace que ni los dientes ni la lengua sean visibles. El cuello es corto y grueso. Para intentar evitar los problemas de salud derivados de su hocico tan chato, en 2008 el Kennel Club alteró un poco el estándar relativo a esta parte del cuerpo diciendo que el hocico debía de ser 'evidente' en lugar de situarse en el mismo plano de los ojos.

Cuerpo. Como todo él, el cuerpo es corto, con el pecho ancho y las costillas redondas. La parte anterior del cuerpo es más ancha que la posterior y la delimitación de la cintura se puede ver de forma muy clara. El dorso, por su parte, es recto y no supera el nivel de las patas. Por lo que respecta al pelo, el manto es largo y liso con una crin abundante que forma un collar denso en la zona de los hombros.

Extremidades. Los miembros anteriores son cortos, gruesos y caracterizados por su potente osamenta. Tiene las piernas arqueadas y unidas de forma sólida a los hombros. Los codos, por su parte, quedan pegados al cuerpo. Los miembros posteriores tienen menor grosor que los anteriores pero no por ello menor firmeza y aplomo. Los pies son anchos y planos y nunca redondos. Los delanteros quedan ligeramente desviados hacia fuera.

Carácter

Tanta pompa y tanto elogio recibido durante los siglos que ha vivido como 'rey' absoluto de la corte imperial en China, han llevado a este perro a convertirse en una raza particularmente esnob y poco dada al afecto desbordado y desmedido hacia desconocidos. Se trata más bien de un perro algo caprichoso y que es capaz de enfurruñarse con facilidad. No obstante, no hay que caer en el estereotipo que dicta su imagen y su carácter algo complicado. El Pequinés lo da todo por su amo y en determinados momentos también le gusta hacer payasadas y dejarse llevar. Pese a su apariencia de 'perro de porcelana', el Pequinés también tiene su corazoncito.

Un perro de un solo amo

Cualquiera que visite la casa donde vive un Pequinés se percata con rapidez de que este perro no es precisamente un torrente de afecto y simpatía hacia los desconocidos, si no más bien todo lo contrario. La indiferencia es la reacción habitual del Pequinés a la presencia de desconocidos en la casa. No obstante, la relación que mantiene con su dueño es particularmente intensa. De hecho, este sutil menosprecio al que somete al resto de gente refuerza el vínculo de complicidad entre perro y dueño, que se convierte en el único objeto de deseo para el elitista Pequinés.

¿Un gato encerrado en el cuerpo de un perro?

Tanta indiferencia, tanto refinamiento, tanta independencia… ¿hablamos de un perro o de un gato? Lo cierto es que el carácter del Pequinés bien podría emparentar más con el de muchos gatos que con la mayoría de los perros. Este perro es una raza elegante y discreta, de la que se disfruta más visualmente que con el afecto que desprende, que no es excesivo.

Día a día

Este no es un perro cualquiera. A su peculiar carácter e idiosincrasia hay que sumar unos cuidados y un acicalamiento ciertamente a tener en cuenta a la hora de adquirir un ejemplar de esta raza. Además es un perro que no admite de buen grado los gritos y las órdenes, al Pequinés le gusta ir a la suya y su adiestramiento puede resultar un pequeño calvario para dueños primerizos.

Un perro que vive entre algodones

Si la vida en un apartamento es normalmente un mal menor para muchos perros, en el caso del Pequinés es el entorno natural para su crecimiento y desarrollo. Acostumbrado desde tiempos inmemoriales a ser un perro de salón de las cortes imperiales, donde más a gusto se encuentra este perro es entre almohadones mullidos y alfombras. Ni siquiera debe preocuparse porque haga grandes salidas y buenos paseos. Este perro no es un atleta y las largas caminatas le cansan y no le gustan. Es más, si hace mal tiempo pueden resultarle ciertamente contraproducentes. Un perro totalmente sedentario idóneo para dueños de similar estilo de vida.

Además, no debemos permitir que viva en el exterior, puesto que por su corto hocico, tiene dificultades para regular la temperatura de su cuerpo, tanto si hace mucho frío como si hace demasiado calor.

Come como un pajarillo

La dieta del Pequinés no destaca por su abundancia, puesto que este perro come de manera muy ligera. Ahora bien, como la cantidad no está reñida con la calidad, y dado el carácter algo esnob del Pequinés, es recomendable proporcionarle comida seca de alta calidad, ya que es todo un gourmet.

Nada de malas formas

El Pequinés es un perro muy refinado. A su estilo de vida sedentario, su frugal alimentación y su indiferencia, se suma su complicado carácter. Hay que ser particularmente suave y sensible con este perro. Los gritos y las órdenes son muy mal recibidas por el Pequinés, de manera que hay que hablarle y tratarle con suavidad, y concederle el tiempo necesario para asimilar instrucciones que, en el caso de otros perros, serían asimiladas más rápidamente o, con una metodología mucho menos sutil. Cada perro tiene su carácter, y el del Pequinés es así.

Cuidados

Salud

El Pequinés es una raza particularmente longeva. No obstante, hay ciertas patologías que afectan a esta raza de manera frecuente. De esta forma, tiene cierta propensión a los lipomas -unos tumores adiposos benignos de gran tamaño que crecen bajo su piel-. Son habituales ciertos problemas de espalda ocasionados por su lomo largo y porque se trata de una raza condrodistrófica -los discos cartilaginosos situados entre las vertebras se endurecen y se pueden convertir en hueso a una edad muy temprana-. Y también le afectan los trastornos respiratorios gracias a su hocico corto.

Además, pueden sufrir de enfermedad cardiaca, que puede ser tratada y controlada con medicación si se detecta a tiempo y de úlceras oculares, que pueden ser espontáneas o causadas por una escasa fabricación de lágrimas.

Los pequineses tienen poca sensibilidad en la córnea, lo que hace que parpadeen poco y este hecho puede favorecer la aparición de estas úlceras.

Higiene básica

El principal cuidado que requiere este perro es, sin duda, el referente a su pelaje. Se trata de una de las razas de perro cuyo pelo alcanza mayor longitud de manera que hay que extremar el cuidado a la hora del cepillado para evitar enredos y que el perro sufra. No hay que abusar del baño, por otra parte. Basta con bañarlo una vez cada dos meses y utilizando un jabón de calidad para evitar que su delicada piel sufra.

Puppy

 

Establece un vínculo estrecho con su dueño pero suele ser distante con los desconocidos y no le gusta precisamente la vida social. Por esto, es conveniente que desde pequeño se le acostumbre a tener contacto con las personas.

Además, si va a convivir con niños, es imprescindible que se socialice con ellos desde cachorro para que de adulto tenga buenas relaciones con los más pequeños.

¿Sabías qué ...?

Era tal la adoración que los chinos sentían por esta raza que los eunucos de las cortes imperiales se encargaban no solo del cuidado de las concubinas, sino también de los ejemplares de Pequinés que había en Palacio. Aquel que era acusado de robar uno de estos perros era castigado con la pena de muerte, lo que da una idea del grado de respeto que sentían los chinos en el siglo XIX por este animal.

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