Rhodesian Ridgeback

Altura:
de 65 a 68,5 centímetros.

Peso: de 30 a 40 kilogramos.

Color: varía del trigueño claro al rojizo y puede tener algunas manchas de blanco en el pecho y en los dedos.

Longevidad: de 9 a 12 años.

Características

Este formidable y fiero sabueso es todo un fuera de serie para la caza que ha tenido entre sus presas al mismísimo rey de la selva: el león. Si por algo destaca este gran perro, además de por sus excelentes aptitudes para la caza, es por la cresta que recorre todo su dorso y que le ha llevado a ser conocido como 'el perro con una serpiente en la espalda'.

El origen del Rhodesian Ridgeback es inequívocamente africano. Cuando los primeros colonos procedentes de Europa fundaron Ciudad del Cabo en la actual Sudáfrica a mediados del siglo XVII, los ancestros de esta raza –más pequeños, delgados y feroces que los ejemplares actuales- ya vivían por esta zona en estado semisalvaje. No obstante, los europeos comenzaron a cruzar estos perros con cánidos europeos hasta desarrollar el actual Rhodesian Ridgeback que se convirtió en un excelente compañero para el hombre una vez consiguieron apaciguar su extrema ferocidad.

Famoso por su antigua ferocidad, hoy en día domada, el Rhodesian Ridgeback es un perro particularmente popular en Sudáfrica, su país de origen, donde está entre las diez razas de perro más populares. También ha ido ganando aceptación progresivamente en Estados Unidos y en Reino Unido aunque su presencia en el resto del continente europeo es aún bastante discreta.

Estándar

Características generales. Fuerte, hermoso, musculoso y activo. Su rasgo más singular es la cresta dorsal de pelo que le crece en sentido contrario al habitual desde detrás de los hombros y hasta el anca.

Cabeza, cara y cuello. Tiene una cabeza bastante larga con el cráneo plano y bastante ancho. El hocico es largo, profundo y poderoso con la trufa de color negro. Sus labios son firmes y están pegados a las mandíbulas, que son particularmente fuertes. Sus ojos son redondos, brillantes y despiertos y están bastante separados. Su mirada es marcadamente inteligente. Las orejas son bastante grandes y son anchas en la base y redondeadas en la punta. Están pegadas a la cabeza y son de implantación alta. El cuello es largo, poderoso, y no presenta papada.

Cuerpo. El pecho es de una anchura moderada, profundo y de buena capacidad, mientras que las costillas son moderadamente arqueadas y nunca redondas en forma de tonel. Su dorso es potente y el lomo fuerte. El pelo que cubre su cuerpo es corto y denso, de aspecto liso y brillante sin llegar nunca a ser lanoso o sedoso.

Extremidades. Tiene los hombros oblicuos, musculosos y echados hacia detrás. Las patas anteriores son rectas y musculosas, con una buena osamenta, y los codos pegados al cuerpo. Los músculos de las extremidades posteriores están bien definidos y no tienen grasa, mientras que los corvejones están situados cerca del suelo. Sus pies son compactos y tienen los dedos arqueados.

Carácter

Este singular perro no tiene el carácter más fácil entre los cánidos pero su dueño tampoco debe exasperarse. La realidad es que, su pasado de sabueso entregado a la caza mayor le ha dejado un poso de autosuficiencia y un carácter algo complicado. No obstante, un buen –y temprano- adiestramiento y la vida en familia convertirán a este perro de origen africano en una mascota muy afectuosa, un excelente compañero y un guardián que sabrá infundir respeto a los intrusos que osen adentrarse en sus dominios.

Un cazador temible y sin miedo

Hay que recordar que el Rhodesian Ridgeback fue en sus tiempos un perro entregado a la caza de grandes animales de la sabana africana como podían ser los leones, las cebras o los antílopes; presas que podían alcanzar los 80 kilómetros por hora, lo cual da una idea aproximada del nivel de resistencia física que puede atesorar este perro. Su labor consistía en hacer salir a las presas de sus escondites y hacerlos ir al punto de mira de los cazadores. Su sentido del deber era encomiable y era capaz de dejarse la vida en la misión antes que retroceder.

El poder de un gruñido

Una vez domesticado, el Rhodesian Ridgeback abandona esta temeridad y se convierte en un perro muy afectuoso y tranquilo. Además, ejerce de impresionante guardián capaz de echar atrás a cualquiera que merodee su propiedad. Una particularidad de esta raza es que tiene un gruñido grave capaz de frenar a cualquier intruso que se encuentre en su territorio. Pese a este gruñido y a su impresionante presencia, el Rhodesian Ridgeback es un perro pacifico que acatará las órdenes que le dé su amo sin rechistar.

Día a día

Procedente de las grandes extensiones de pradera africanas, la vida en un apartamento es totalmente contraproducente para esta raza. Nada le gusta mas que correr a cielo abierto, husmear en cada rincón que encuentra y, en definitiva, sentirse libre y poder disfrutar de todo aquello que le recuerde en cierta manera a su África natal. Tal es su ansia de libertad que si debe transportarlo en un coche o, peor aún, en tren o en avión, el Rhodesian Ridgeback tratará de estar tranquilo y no se mareará, pero no dude que le estará haciendo pasar un mal trago.

Un perro de lo más resistente

Tantos años de aventuras y caza mayor en las praderas africanas han forjado una raza fuerte y resistente como pocas. El Rhodesian Ridgeback tiene una resistencia física enorme, que le ha llevado a perseguir a verdaderos atletas como son las panteras o las gacelas. Pero no solo eso. Este perro tiene una particular resistencia al dolor y no se quejará si recibe la picadura de mosquitos o avispas. Además, acostumbrado a los rigores del clima africano, resiste muy bien la falta de agua y está habituado a beber muy poco.

Detesta la ciudad

Este es un perro acostumbrado a la vida en libertad y nunca llegará a acostumbrarse a la vida en un apartamento. Si su dueño lo confina en un piso de ciudad puede dar por hecho que el perro acabará viviendo infeliz y con un poso de nostalgia siempre en su mirada. Lo ideal para este perro es una vivienda en el campo donde pueda disponer de una buena extensión de tierra en la que pueda correr a sus anchas, revolcarse y, disfrutar, en definitiva de su condición de perro rústico.

Una dieta consistente

Su estilo de vida, tremendamente activo, obliga a que deba alimentarse convenientemente para recuperar la energía que ha gastado durante todo un día de frenética actividad. No debe darle golosinas entre horas ya que puede acabar engordando. Al día necesita entre 500 y 650 gramos de alimento seco completo.

Cuidados

Salud

En línea con su resistencia física, este perro tiene una salud formidable y no padece demasiadas afecciones de tipo hereditario. Su pelaje le hace las veces de impermeable y le protege de las inclemencias del tiempo de manera muy efectiva.

Como otras razas grandes puede sufrir displasia de cadera y torsión de estómago. También pueden padecer hipotiroidismo, mielopatía degenerativa –que produce debilidad de tercio posterior-, sordera congénita no asociada al pelo blanco y una enfermedad del sistema nervioso llamada seno o quiste dermoide –es un quiste u orificio en la piel que conecta con la médula espinal-.

Higiene básica

Un cazador como el Rhodesian Ridgeback no requiere cuidados especiales ni acicalamientos de ningún tipo. Gracias a tener un pelo tan corto y denso, no deja pelos por la casa y es muy fácil de mantener. Basta con cepillarlo con regularidad, sobre todo en la cresta dorsal, y poco más. Si tras una jornada de correrías por el campo aparece lleno de barro no dude en bañarlo a conciencia. La naturaleza de su pelo permite que se seque muy rápidamente.

Puppy

Dado que tiene un carácter algo particular, se recomienda a los interesados en tener un Rhodesian Ridgeback adquirirlo a una edad muy temprana, en torno a los dos meses, ya que debe acostumbrarse a su dueño y a su nuevo entorno. Es importante socializarle con niños y otros perros desde cachorro para que desarrolle un carácter tolerante y sociable.

¿Sabías que ...?

Pese a su origen africano, el Rhodesian Ridgeback podría tener raíces asiáticas. En Tailandia existen otras razas de perro que cuentan con su misma cresta dorsal. El hecho de que algunos pueblos del sur de África procedan de una mayoría negra y de una minoría asiática, podría reafirmar estas raíces orientales.

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