El Síndrome Garfield y la obesidad en gatos


El Síndrome Garfield y la obesidad en gatos

El número de perros y gatos que pueden ser considerados obesos ha aumentado en los últimos años, de forma paralela a los crecientes niveles de obesidad que se han visto en los seres humanos, con todo lo que ello conlleva. Porque si hay algo preocupante en el aumento del número de mascotas obesas es que el exceso de peso lleva consigo unos mayores índices de enfermedad en perros y gatos y una esperanza de vida más corta. Por ejemplo, la artritis en los perros y las enfermedades en el tracto urinario en los gatos están especialmente relacionadas con la obesidad. Otras enfermedades como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares y hepáticas también son bastante frecuentes entre las mascotas obesas.

La diferencia fundamental entre la obesidad de los humanos y la de los animales es que esta última puede ser evitada, al ser el dueño capaz de controlar las calorías y los alimentos que sus mascotas ingieren. El instinto natural de perros y gatos es comer cuando y donde puedan. Esto puede llevarles a intentar persuadir a sus dueños para que les alimenten cuando ya han comido suficiente.

El sobrepeso también puede evitarse controlando con regularidad el tamaño y el peso de la mascota. Consulte con su veterinario los métodos para medir el tamaño según las distintas razas. También es importante tener siempre en cuenta que las comidas principales deben prepararse según se recomienda en las bolsas de pienso. Es recomendable evitar las sobras de las comidas humanas, ya que administrando sobras es más difícil controlar las calorías y la nutrición.

Si ya es demasiado tarde y tu perro o tu gato ha alcanzado la obesidad, deberá seguir un programa de reducción de peso. Una opción es darle comida específica de dieta. Otra, es reducir progresivamente las raciones de comida a medida que el peso va disminuyendo. Cuando la mascota alcance su peso ideal, se debe volver a las raciones habituales. Además de reducir la comida, también deberá aumentar el ejercicio físico. Para los perros normalmente basta con paseos más largos y más frecuentes, mientras que en los gatos hay que aumentar la actividad organizando sesiones de juego.

Aunque, en cualquiera de estos casos, te recomendamos que acudas al veterinario en primera instancia ya que, al igual que con las personas, los programas de reducción de peso funcionan mejor cuando el paciente cuenta con apoyo y sigue un programa adecuado.