Función del juego en el desarrollo de los cachorros


Función del juego en el desarrollo de los cachorros

Técnicamente el juego se define como cualquier actividad motora que parece no tener sentido y que consiste en una serie de comportamientos que proceden de otros contextos, como el apareamiento o la caza, y que en el juego aparecen alterados en la forma, intensidad o secuencia. En el caso de un perro que persigue una pelota, la persecución procede de la conducta predatoria, pero el estímulo que la provoca no es una verdadera presa y a menudo los movimientos son exagerados con respecto a lo que el perro haría en un contexto de caza.

Los perros suelen estar muy motivados para buscar compañeros de juego o jugar con objetos y esta predisposición a jugar se mantiene, como en el caso de las personas, a lo largo de toda la vida del perro, con un pico durante la etapa infantil y juvenil. Se trata de un efecto del proceso de domesticación que ha sufrido la especie canina y que ha determinado la retención de algunos caracteres juveniles en la edad adulta (técnicamente este fenómeno se define neotenia). De hecho, en la mayor parte de mamíferos salvajes, el juego se limita casi exclusivamente a la etapa infantil. Sin embargo, el juego es una actividad que implica un coste energético y que supone, también, el riesgo de hacerse daño, como puede pasar si el animal no calcula bien los movimientos o no interpreta correctamente las señales emitidas por el otro individuo. Entonces, ¿porqué los perros juegan?

A pesar de la aparente falta de función, hay varias hipótesis sobre los beneficios que podría proporcionar el juego durante el desarrollo de un cachorro. Una de las más conocidas es la hipótesis según la cual el juego sirve para preparar el animal a la vida adulta, permitiéndole practicar las habilidades motoras que de adulto necesitará para cazar o aparearse y los comportamientos agonísticos y de apaciguamiento que le servirán para gestionar los conflictos sociales y establecer relaciones jerárquicas. El juego mejora, también, la comprensión de las señales de comunicación emitidas por el compañero de juego, sea esto un perro o una persona, con lo cual el juego social suele mejorar el entendimiento y profundizar la relación entre los individuos que juegan. Jugando con la madre y con los hermanos, el perro aprende a inhibir la mordida y generalmente, cachorros separados de la madre a una edad temprana (antes de las 7 semanas) suelen morder con fuerza y jugar de una forma brusca. El juego puede servir, también, de entrenamiento físico, permitiendo por un lado practicar la coordinación motora y por el otro favoreciendo el desarrollo de algunas estructuras nerviosas, como el cerebelo (involucrado en el mantenimiento del equilibrio), de las masas musculares, y de las conexiones entre sistema nervioso y músculos. A través del juego, el animal explora sus limites y sus habilidades, adquiere flexibilidad física y mental y se entrena a vivir situaciones imprevisibles. Así pues, durante el juego, los animales se ponen en situaciones de desventaja que les permiten explorar las posibles estrategias para salir de la dificultad, pero todo esto en un contexto donde no se corren riesgos reales.

Además de las funciones propias del juego, el propietario puede utilizarlo como herramienta en la educación del cachorro para enseñar el control emocional, la tolerancia a la frustración y a hacer pausas durante el juego, aprendiendo así a controlar el nivel de excitación. La naturaleza placentera del juego permite utilizarlo como premio de los comportamientos deseables del perro que queremos reforzar. Además, un estudio ha demostrado que después de una sesión de juego los perros suelen mostrar mayores niveles de atención hacia el dueño y si se entrena justo después del juego el entrenamiento suele ser más efectivo. El juego se utiliza, también, como indicador de bienestar del perro. En animales enfermos, hambrientos, que viven en ambientes inadecuados o que en general están en una situación de estrés crónico, uno de los primeros comportamientos en desaparecer es el juego, con lo cual una disminución de la frecuencia del juego puede estar relacionada con una reducción del bienestar del individuo.

Siendo fundamental el juego para el correcto desarrollo de los cachorros, todos estos aspectos remarcan la importancia de proporcionar ocasiones de juego adecuado tanto a cachorros como a perros adultos.