Los perros como "lubricante social"


Los perros como

Interacción social

Casi todos los dueños tienen un vínculo especial con su perro, incluso muchos lo consideran un miembro más de su familia. Es probable que algunas personas piensen que tener sentimientos afectivos hacia las mascotas podría mermar de alguna forma las relaciones sociales del dueño; aislarlo. Actualmente existen evidencias que demuestran que no es el caso en absoluto. Al contrario, un perro facilita la interacción social con otras personas y aumenta los contactos en lugar de restringirlos.

 

Extroversión

En cuanto a la variedad de beneficios de tener mascotas, el doctor Mugford, un psicólogo británico que contribuyó a la introducción de la terapia de conducta en la profesión veterinaria,  fue el primero en proponer que éstas satisfacían dos necesidades emocionales básicas para los seres humanos: la afiliación y la autoestima. Benefician a sus dueños dando y aceptando cariño, proporcionando seguridad emocional y juegos. También concluyó que las mascotas aumentaban la extroversión del dueño, promoviendo así interacciones sociales tanto en la casa como en la comunidad, actuando como «lubricantes sociales».

 

Contactos

Los perros han demostrado incrementar los contactos de muchas maneras, pero una forma importante es que cambian el modo en el que se percibe a la gente, haciéndolos parecer menos amenazadores.  A menudo a algunas personas se las etiqueta como potencialmente peligrosas.  Por ejemplo, si alguien está dando un paseo solo, hablar con ellos sin una buena razón se considera algo peligroso.  Sin embargo, si está paseando a un perro se le ve de manera diferente.  En una investigación realizada en Londres y en Nottingham en 1983, la gente recorría la misma ruta primero con y luego sin perro.  La presencia del perro facilitó las conversaciones con extraños, lo que nunca se produjo cuando el perro no estaba presente.  En los paseos diarios con perro, siguiendo la ruta de siempre, los dueños hablan de media con, al menos, una persona. Los perros son vistos como un tema neutral de conversación, así, por ejemplo, podrían preguntarle al dueño por la raza o si es juguetón, y el dueño estaría encantado de entablar una conversación, que podría desembocar en otros temas, o incluso en una amistad. Los dueños que salen con sus perros se sienten más seguros, más firmes y menos tímidos. Las gracias de los perros suelen quitarle hierro a la incómoda tensión propia de los primeros encuentros, dando paso al humor y a la conversación. La simpatía y la seguridad de los perros pueden transmitirse a sus dueños, que tienden así a ser más abiertos y más amigables. La gente tiene menos miedo a quedar como un tonto. Siempre puede hablar del perro y tiene más facilidad para la risa.

 

Elección

El efecto social lubricante de los perros ha sido confirmado desde entonces por diversos estudios de diferentes países.  Sin embargo, la decisión de adoptar un perro por esta razón en concreto debe hacerse con precaución; una raza pequeña y sociable siempre será mucho más eficaz como lubricante social que un perro de una raza que parezca agresiva.

 

Efecto social

El interés por el efecto social de las mascotas en las relaciones ha motivado varios artículos de revistas y de prensa: sugieren, por ejemplo, que los perros pueden ayudar a encontrar pareja, o que son buenos para aumentar los contactos sociales de la gente que vive sola. Obviamente, tener un perro como mascota no será de ayuda para todos; se trata de una relación tan compleja como la de los seres humanos.  Los perros tienen cualidades esenciales sutilmente diferentes de las de las personas: demuestran una simpatía incondicional, interactúan de manera equitativa con todo el mundo, y son juguetones, peludos y divertidos: todos son rasgos que conforman su habilidad para actuar como lubricantes sociales entre la gente.