Abstracts

Perforación gastroduodenal espontánea en 16 perros y 7 gatos (1982-1999)

J Am Anim Hosp Assoc 38[2]:176-187 Mar-Apr\'02

Laura E. Hinton, Mary A. McLoughlin; Susan E. Johnson; Steven E. Weisbrode

 

Objetivo: La úlcera gastroduodenal está apareciendo con mayor frecuencia en perros y gatos, debido en parte, al aumento en el uso de anti-inflamatorios no esteroidales (AINEs), y a la mejora en las modalidades de diagnóstico. Las complicaciones más graves que pueden aparecer son, la perforación gastrointestinal y la peritonitis séptica. El objetivo del estudio es revisar de forma retrospectiva, y comparar la información obtenida, en la mayor serie de casos de animales con perforación gastroduodenal espontánea (PGD), y determinar si existen factores predisponentes o algunas características que influyan en el progreso de esta PGD.

 

Animales: Se analizan las fichas médicas de 15 perros y 7 gatos diagnosticados con PGD. Uno de los perros tuvo dos episodios separados de PGD lo que suman un total de 23 casos.

 

Procedimiento: El diagnóstico se confirmó en todos los casos con cirugía exploratoria, histopatología, necropsia o una combinación de ambas.

 

Resultados: Todos los casos presentaban enfermedades concurrentes, muchas de las cuales eran o bien directamente ulcerogénicas, o bien o conocidas por predisponer indirectamente a la PGD. No se observó un predilección de género, aunque se observó una mayor representación de rottweilers menores de 5 años. El tratamiento con AINEs, dosis múltiples de corticoesteroides, ambas condiciones fueron los factores predisponentes para la PGD en 8 (50%) de los perros. Ninguno de los gatos se medicó con AINEs, pero uno de ello estaba tomando corticoides en el momento de la perforación. Los signos clínicos eran normalmente los propios de un trastorno gastrointestinal, pero no eran específicos. En perros pero no en gatos, hubo una evidencia clínica de hemorragia gastrointestinal. El shock no fue una manifestación muy común, y su aparición no estaba relacionada con la evolución. De hecho, y en este estudio, la progresión de una lesión ulcerativa a una PGD no estaba asociada con un cambio muy marcado en los síntomas mostrados por muchos pacientes, además, muchos animales de este estudio mostraban signos de una enfermedad prolongada antes del diagnóstico de PGD. Los resultados de varios tests diagnósticos o combinaciones entre ellos como son, exámenes laboratoriales, citopatología y cultivo de muestras obtenidas por adominocentesis, y algunas técnicas de imagen (radiografías, ecografías, endoscopia) fueron variables, y se llegó a un diagnóstico presuntivo de PGD en 12 perros, pero sólo en un perro se llegó al diagnóstico definitivo antes de la cirugía o de la necropsia. Esto sugiere que los métodos diagnósticos empleados sufren una gran falta de sensibilidad para identificar una lesión ulcerativa inicial, y que la existencia de signos dramáticos típicos de abdomen agudo siguientes a una PGD no es tan común como antes se creía. La supervivencia media fue de un 44% aunque sólo 18/23 pacientes sufrieron cirugía abdominal, y sólo a 12/18 se les practicó cirugía correctora. Si incluimos a todos los pacientes, la supervivencia de los perros (63%) fue mayor que la de los gatos (14%). Esto puede ser un reflejo del peor pronóstico que tenían las enfermedades concurrentes en los gatos de este estudio. La supervivencia en perros parece estar influenciada por la capacidad del cuerpo para responder a la infección, ya que sólo sobrevivieron los 4 perros sin peritonitis o con sólo peritonitis localizada.

 

Conclusiones y relevancia clínica: Los autores concluyen que no se han podido identificar factores específicos, presentaciones clínicas o tests diagnósticos que individualmente, determinen si ha ocurrido o está apareciendo una PGD.