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Tumor testicular en el perro: diagnóstico y tratamiento

Medicina y cuidados veterinarios

Introducción

La incidencia de los tumores testiculares en la especie canina es superior a la de cualquier otra especie mamífera. En perros enteros, representan la segunda localización más habitual de tumores.

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Distintos estudios epidemiológicos han examinado su frecuencia de aparición y, si bien los datos más antiguos describen un intervalo entre el 0,91 % y el 5,8 %, los estudios más recientes recogen una mayor incidencia que oscila entre un 6 % y un 27 %.1,2,3,4

Los tres tipos histológicos más frecuentes son los tumores de células de Sertoli, los tumores de células intersticiales o de Leydig y los seminomas. Tradicionalmente, se ha considerado que la incidencia de los tres tipos tumorales es similar, pero datos más recientes sugieren una menor frecuencia de los tumores de células de Sertoli (8-16 %) y una mayor incidencia de los tumores de células intersticiales y seminomas.2,5

Varios factores pueden influir en la aparición de un tumor testicular en el perro, tales como la edad (la edad media en el momento del diagnóstico es de unos 10 años), la raza, el criptorquidismo y la exposición a carcinógenos ambientales.1

Diagnóstico del tumor testicular en el perro

Los tumores testiculares suelen hallarse de manera accidental durante la exploración física que siempre debe incluir, en especial en perros mayores, la palpación de los testículos para detectar posibles masas o asimetrías. Además, se debe efectuar una palpación rectal minuciosa para evaluar la próstata, los ganglios linfáticos regionales y la región perianal.1 Es esencial palpar ambos testículos simultáneamente para comparar su tamaño, forma y consistencia. Los hallazgos pueden comprender testículos asimétricos, agrandamiento escrotal o inguinal y prostatomegalia secundaria a la metaplasia escamosa inducida por estrógenos.5

El hiperestrogenismo puede observarse en hasta un 50 % de los perros con tumores de las células de Sertoli, pero es raro en los seminomas y los tumores de células intersticiales.1 En perros con sospecha de desequilibrio hormonal, puede medirse la testosterona y el estradiol-17b en suero, además del cociente testosterona:estradiol, aunque cabe tener en cuenta que no todos los perros con signos de feminización muestran un aumento absoluto del estradiol-17b.1

La supresión de la médula ósea es una complicación rara, pero bien descrita del hiperestrogenismo, caracterizada inicialmente por leucocitosis que finalmente deriva en pancitopenia.5

El diagnóstico definitivo se alcanza mediante el estudio histopatológico, si bien la presencia de una masa testicular y la citología pueden ser indicativas de un tumor testicular en el perro.1

Se recomienda realizar una estadificación que incluya un hemograma completo, una ecografía abdominal para evaluar el tamaño de los ganglios linfáticos regionales y ayudar a identificar testículos criptorquídeos, y radiografías torácicas en tres proyecciones.5

La ecografía testicular puede ayudar a descartar procesos no neoplásicos como la orquitis y la torsión testicular. La aspiración con aguja fina guiada por ecografía puede sopesarse ante la sospecha de una neoplasia antes de la orquiectomía, sobre todo en perros reproductores.1

Recientemente, se ha descrito una mayor expresión de Ki-67 en tumores de células de Leydig malignos –un tumor testicular raro en el perro– en comparación con los tumores de células de Leydig benignos, lo que apunta a su posible utilidad diagnóstica.6

Tratamiento y pronóstico

Dado que los tumores testiculares primarios se caracterizan por su infiltración local y bajo potencial metastásico, la orquiectomía bilateral con ablación del escroto es el tratamiento de elección y suele ser curativa. La extirpación es bilateral, ya que es habitual la atrofia del testículo no afectado y hasta el 50 % de los perros presentan tumores bilaterales, aunque solo el 12 % son clínicamente detectables en el testículo contralateral.1 En perros reproductores valiosos, puede considerarse la orquiectomía unilateral seguida de una supervisión continua.

La laparotomía exploratoria está indicada en perros criptórquidos, en cuyo caso se pueden evaluar visualmente los ganglios linfáticos regionales y biopsiarse si es preciso.

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En perros con signos de feminización secundarios al tumor primario, estos suelen remitir de entre 1 a 3 meses tras la castración, a menos que las lesiones metastásicas provoquen una liberación persistente de estrógenos, motivo por el cual la recidiva de los signos suele ser indicativa de metástasis.1

La mayoría de tumores testiculares no metastatizan.7 El índice de metástasis en tumores de Leydig es raro y en tumores de células de Sertoli o seminomas es inferior al 15 %, con afectación de los ganglios linfáticos regionales u otras localizaciones distantes.1 Si los ganglios linfáticos regionales están afectados, debe realizarse una biopsia excisional.5

La quimioterapia, la radioterapia u otras terapias dirigidas innovadoras están indicadas en caso de metástasis, aunque solo se han descrito algunos pocos casos con cierto grado de eficacia. Un estudio halló una posible eficacia del cisplatino, si bien solo tres perros fueron tratados y evaluados.8 Se ha descrito también la regresión de seminomas con metástasis en ganglios linfáticos regionales en cuatro perros tratados con radioterapia.9 Se requieren más estudios en este sentido, ya que los seminomas se consideran extremadamente radiosensibles.1

Los perros con supresión de la médula ósea secundaria al hiperestrogenismo requieren una monitorización estrecha peri y posoperatoria para instaurar un tratamiento de apoyo en caso necesario.1 El pronóstico en estos casos es de reservado a malo y, a menudo, la evolución favorable requiere meses de tratamiento con hemoderivados y antibióticos.5

Conclusiones

Los tumores testiculares son frecuentes en la especie canina. Los datos sugieren que su incidencia ha aumentado en la especie canina en los últimos 40 años. El hallazgo de una masa testicular suele ser un hallazgo accidental durante la exploración física y el diagnóstico definitivo se alcanza mediante el estudio histopatológico. La mayoría de tumores testiculares no metastatizan y en la mayoría de los casos la orquiectomía es curativa.

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Bibliografía
1. Lawrence J.A. and Saba, C.F. (2013). Chapter 28: Tumors of the Male Reproductive System In: Withrow and MacEwen’s Small Animal Clinical Oncology, 5th ed., 557-561. St. Louis, Missouri: Elsevier Saunders.
2. Grieco V., Riccardi E., Greppi G.F., Teruzzi F., Lermano V., Finazzi M (2008). Canine Testicular Tumours: a Study on 232 Dogs. Journal of Comparative Pathology; 138: 86 - 89. 
3. Liao A.T., Chu P., Yeh L., Lin C., Liu C. (2009). A 12 years retrospective study of canine testicular tumors. Journal of Veterinary Medical Science; 71(7):919-923.
4. Manuali E., Forte C., Porcellato I., Brachelente C., Sforna M., Pavone S., Ranciati S., Morgante R., Crescio I. M., Ru G., Mechelli L. (2020). A five-year cohort study on testicular tumors from a population-based canine cancer registry in central Italy (Umbria). Preventive Veterinary Medicine; 185:105201.
5. Ettinger S.J., Feldman E.C., Côté E. (2017). Textbook of Veterinary Internal Medicine: Diseases of the Dog and Cat, 8th ed., 5147-5149. St. Louis, Missouri: Elsevier.
6. Kudo T., Kamiie J., Aihara N., Doi M., Sumi A., Omachi T. & Shirota K. (2019). Malignant Leydig cell tumor in dogs: two cases and a review of the literature. Journal of Veterinary Diagnostic Investigation. 31(4):557-561.
7. Martí S., Cloquell A., Vázquez F., Díaz A. (2010). Tumores testiculares caninos: a propósito de dos casos clínicos. Clínica Veterinaria de Pequeños Animales; 30(3):191-198.
8. Dhaliwal R.S., Kitchell B.E., Knight B.L., Schmidt B.R. (1999). Treatment of aggressive testicular tumors in four dogs. Journal of the American Animal Hospital Association; 35(4):311-318.
9. McDonald R.K., Walker M., Legendre A.M., vanEe R.T., Gompf R.E. (1988): Radiotherapy of metastatic seminoma in the dog. Case reports, Journal of Veterinary Internal Medicine; 2:103, 1988.
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