Hiperestesia felina o síndrome del gato nervioso

La hiperestesia felina es una rara patología de los gatos que se manifiesta como “estallidos” de hipersensibilidad en la zona del lomo del gato. El gato se encuentra tranquilo y de repente salta, se mira y muerde el lomo como si algo le estuviera atacando. En algunos casos pueden apreciarse ondulaciones de la piel del lomo (rolling skin).
hiperestesia felina
Imagen de Vets Affinity

Causas

La causa de este síndrome aún no está del todo definida. En algunos casos se cree que es un tipo de epilepsia, puesto que muchos gatos presentan crisis convulsivas justo después de tener estos episodios,  y en otros, un trastorno de conducta.  También se desconoce si puede tener una base genética, puesto que gatos de razas puras como los abisinios, birmanos o himalayas parecen estar predispuestos. Sin embargo, se ha observado que ciertas patologías previas pueden derivar en hiperestesia y es necesario descartarlas antes de emitir un diagnóstico.


  • Estrés: Gatos nerviosos o que padecen estrés.
  • Trastornos dermatológicos: Parasitosis como pulgas o alergia a su picadura, así como dermatitis, sarnas, hongos u otras afecciones de la piel que puedan causar prurito.
  • Problemas músculo esqueléticos: Dolor espinal debido a pinzamientos nerviosos,  artritis, hernias discales…

 

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Síntomas

Los síntomas aparecen en episodios que pueden durar desde unos segundos hasta unos minutos. Incluyen salivación, pupilas dilatadas, sacudidas de la cola, vocalizaciones exageradas, espasmos de la piel, continuas mordeduras y lamidos del lomo, cola y patas traseras. El animal puede parecer desorientado, no controlar su orina o llegar a automutilarse.

 

Diagnóstico

Actualmente no hay pruebas diagnósticas definitivas para esta enfermedad, al no tener una causa física definida. El diagnóstico se hace en función de la clínica del animal y tras descartar los anteriores problemas mencionados. Analítica sanguínea completa, examen neurológico completo, tricogramas y raspados cutáneos están indicados. Pruebas de imagen como tomografías o resonancias magnéticas pueden sernos de mucha ayuda a la hora de descartar procesos neurológicos.

 

Estrés en el gato

El estrés en los gatos puede manifestarse de muchas maneras, tan variadas como el motivo de estrés o ansiedad que lo provoque. Identificar el motivo de este estrés es fundamental para poder corregirlo o aplicar una terapia apropiada. Las señales a las que debemos estar atentos incluyen cambios de comportamiento como un aumento de la agresividad, marcaje de orina o heces inadecuado, un acicalamiento excesivo que puede llegar a producir alopecias o incluso irnos al otro extremo y presentar depresión, apatía o desinterés por su entorno. La repentina aparición de patologías o cambios posturales a la hora de explorar su entorno pueden ser indicativos de estrés.

 

Tratamiento

Descartadas las causas físicas anteriores y habiendo sido correctamente tratadas y solucionadas, solo nos queda tratar el estrés, puesto como hemos dicho, no hay una causa definida para la hiperestesia. El tratamiento irá dirigido a reducir cualquier tipo de ansiedad que el animal pueda estar experimentando. Abordaremos el tratamiento desde dos frentes, el manejo adecuado del ambiente y la terapia médica.

Cuando hablamos de estrés en los gatos podemos identificar dos posibles fuentes básicas: relacionadas con el entorno o social. El lugar y el número de cajas de arena, el tipo de arena que utilicemos, la presencia de lugares altos a los que poder subirse  y otros que le den la posibilidad de esconderse son importantes. Identificar cualquier cambio que se haya realizado en su entorno es de mucha ayuda.

El estrés social puede deberse a cambios que influyan en la interacción social del gato, por ejemplo la llegada de un nuevo miembro a casa, humano o animal o un manejo inadecuado por parte del propietario, como podría ser el uso de castigos. Las hormonas sintéticas son un recurso útil e inocuo.

La terapia médica, en los casos en los que la corrección de los problemas anteriormente citados o en los que el enriquecimiento ambiental no sean suficientes, incluye el uso de benzodiacepinas (alprazolam), antidepresivos tricíclicos (amitriptilina) o inhibidores de la recaptación de la serotonina (fluoxetina o paroxetina).

 

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