Umbral de rentabilidad: ¿cuánto debo facturar para obtener beneficios?

¿Has oído hablar de la expresión “umbral de rentabilidad” o break-even point? Conocer el concepto y saber calcularlo es fundamental para cualquier empresa, porque marca la diferencia entre perder o ganar dinero.
Umbral de rentabilidad o punto de equilibrio
Imagen de Vets Affinity

El umbral de rentabilidad, punto de equilibrio o punto muerto (break-event point, en inglés) es un concepto que tiene que tener claro cualquier empresario, ya que es el parámetro que marca la diferencia entre las pérdidas y los beneficios. Si nos centramos en un centro veterinario, la pregunta clave es “¿a cuánto deben ascender mis ingresos para cubrir costes y no perder dinero?”. La respuesta nos la dará el cálculo del umbral de rentabilidad.


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¿Cómo se determina el punto de equilibrio de una empresa?

Hay diversas fórmulas para calcular el umbral de rentabilidad de un negocio, aunque para nuestro caso la más adecuada es la siguiente:

Punto de equilibrio = Costes fijos / 1-(Costes variables/Ventas totales)

La cifra resultante de hacer este cálculo nos indica cuál es la facturación que necesitamos para cubrir gastos. En la cifra de gastos se incluirán los costes fijos y los costes variables. Es decir, el la cifra de venta que necesitamos superar para empezar a generar beneficios con nuestra actividad empresarial.

La fórmula del punto de equilibrio tiene variantes que permiten, por ejemplo, calcular el precio que debe tener cada unidad que se vende de un producto o servicio para obtener beneficios.

Punto de equilibrio = Costes fijos / (Costes variables unitarios - Precio de venta unitario)

Esta fórmula resultar útil para averiguar el precio medio que deberían tener nuestras consultas, o nuestras cirugías, o nuestras pruebas clínicas para que generen beneficios, siempre que seamos capaces de discriminar los costes fijos y variables de cada uno de estos capítulos de nuestra cuenta de resultados.

 

Para calcular el umbral de rentabilidad: determina gastos fijos y gastos variables

La fórmula que nos permite calcular el punto de equilibrio económico de nuestra clínica no tiene mucha complicación… siempre que se sepa determinar cuáles son los gastos reales a incluir en esta fórmula y separarlos en fijos y variables.

Gastos o costes fijos

Son los gastos que genera la empresa sólo por el hecho de existir. También se denominan gastos generales e incluyen costes de personal, de instalaciones, de administración, suministros (electricidad, agua, gas…), alquiler o hipoteca del local, seguros, intereses bancarios, amortizaciones de maquinaria, etc.

Son los gastos necesarios para no cesar la actividad y no están determinados por la facturación que tenga nuestro centro veterinario. Serán siempre más o menos los mismos sea cual sea nuestro volumen de venta de los productos y servicios que ofrezcamos a nuestros clientes.

Cuando calculamos los gastos generales la partida más importante en un negocio de servicios son los costes de personal. Es importante que se incluyan en el cálculo no solo los salarios brutos y cotizaciones a la Seguridad Social de la plantilla de la clínica, sino también los del personal externo y el sueldo del propietario o propietarios, así como las comisiones por la prestación de urgencias. En el caso de colaboradores puntuales (profesionales autónomos) computaremos el importe de las facturas que carguen a la clínica.

Por lo que se refiere a los socios veterinarios, en función de su dedicación horaria a la empresa deberemos imputar en este apartado un salario de mercado para ellos. Si tenemos dudas acerca de cómo calcular este salario de mercado, una regla simple sería imputarles una remuneración un 50 % superior a la del empleado veterinario mejor pagado en la clínica. En el caso de que los socios veterinarios estén retirando cantidades superiores a las así calculadas no las consideraremos como coste salarial sino como anticipos a cuenta sobre los beneficios de la clínica.

Gastos o costes variables

En este apartado se incluye el coste de las mercancías vendidas (CMV). Así, computaremos el valor de compra de todos aquellos productos que se hayan vendido en la clínica (medicamentos, accesorios, alimentos, etc.) así como también de todos los fungibles que hayan sido utilizados en el proceso de prestación de nuestros servicios (gasas, inyectables, sueros, catéteres, anestésicos, etc.).

 

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