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Gastroenterología

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Excreción de parvovirus canino tipo 2 (PCV-2) durante la gestación y la lactancia en perras y cachorros

D. Broussou, H. Mila; A. Grellet; A. Feugier; C. Mariani3; J. L. Pingret; C. Boucraut-Baralon; S. Chastant-Maillard
Procc ECVIM 2015

  • El Parvovirus canino tipo 2 (PCV-2) es un patógeno gastrointestinal frecuente en perros, y responsable de unas altas tasas de mortalidad en cachorros. El control de la infección mediante desinfección y aislamiento de los pacientes tiene una eficacia limitada, y se plantean interrogantes sobre las fuentes de contagio. El objetivo de este estudio fue evaluar el papel epidemiológico de la hembra reproductora en la circulación viral durante el período reproductivo.
  • Se inscribieron en el estudio un total de 73 perras (media ± desviación estándar: 4,4 ± 1,9 años) de una perrera. Todas fueron vacunadas anualmente (Nobivac DHPPi-Lepto vacuna). Cuarenta y una hembras fueron seguidas desde el apareamiento al parto y 32 hembras fueron seguidas desde el parto hasta el destete. Todos los cachorros de las 32 hembras lactantes (n = 134) fueron seguidos desde las 3 hasta las 8 semanas de edad. La excreción fecal del PCV-2 se evaluó mediante PCR en swabs rectales cada 14 días durante la gestación en madres, y  cada 7 días durante la lactancia en madres y cachorros. 
  • Se recolectaron un total de 1241 muestras. Durante el embarazo, el 80% de las perras excretaron PCV-2 al menos una vez, pero sólo uno de la muestras estaba por encima del umbral de cuantificación (2 x 10(5) copias / g de heces). Durante la lactancia, las hembras fueron positivas al menos una vez (y 3 veces de promedio) y el 64% estaban por encima del umbral de cuantificación al menos una vez. Durante la lactancia, la excreción de cargas virales fue significativamente mayor en los días D42 (5 x 10(8) / g de heces; p = 0,001), D49 (8 x 10(8)/ g de heces; p <0,001) y D56 (10(9) / g de heces; p <0,001) en comparación con el inicio de la lactancia (<10(6) copias / g de heces; D7 a D28). A pesar de que el umbral para hablar de una parvovirosis clínica es 5 x 10(8)/ g de heces, ninguna de las perras expresó ningún síntoma. En el 28% de los casos, la hembra excretaba virus antes que sus cachorros. No se halló correlación entre las cargas virales excretadas por los cachorros con las excretadas por las hembras. La proporción de los cachorros que excretaron cargas virales por encima del umbral clínico aumentó de los días D17 a D52 (del 2 al 76% por camada), con una mortalidad global de sólo el 3% (4/134).
  • Este estudio demuestra que las perras adultas vacunadas adecuadamente pueden excretar PCV-2 durante la gestación y la lactancia. Debido a la gran cantidad de PCV-2 excretado,  las hembras probablemente representen una importante fuente de contaminación para sus cachorros.  Sería interesante seguir la excreción viral de los machos y de las perras, después de la lactancia hasta el próximo período de cría, para comprender mejor el papel de los adultos en la circulación del PCV-2
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Efectos de la administración de ácido ursodesoxicólico durante 6-8 semanas en las concentraciones séricas de ácidos biliares en ayunas y postprandiales, y algunos analitos bioquímicos en perros sanos

Deitz KL, Makielski KM, Williams JM, et al.
Vet Clin Pathol 2015

  • El ácido ursodesoxicólico (AUDC) se utiliza comúnmente para el tratamiento de enfermedad hepatobiliar, se detecta en el ensayo de ácidos biliares y se desconoce su efecto sobre algunos analitos bioquímicos.  El objetivo de este estudio fue determinar el efecto de 6-8 semanas de administración de AUDC en las concentraciones de ácidos biliares en suero (SBA), en ayunas y postprandiales,  colesterol, triglicéridos, bilirrubina, y las actividades de las enzimas hepáticas en perros sanos. Se seleccionaron 20  perros sanos que recibieron AUDC durante 6-8 semanas. En estos perros se realizaron hemograma, perfil bioquímico, análisis de orina, SBA, en ayunas y postprandiales y ecografía hepatobiliar, antes de iniciar el AUDC (T0) y después de 6-8 semanas de tratamiento, mientras los animales seguían recibiendo AUDC (T1). Se compararon los valores obtenidos en T0 y T1. Se volvieron a medir los SBA 72 horas después de la interrupción de AUDC.
  • Solo la media de SBA en ayunas del T1 aumentó significativamente (P = 0,03) respecto al T0 (2,26 mcmol / L en T0 y 3,81 mcmol / L en T1), pero sin sobrepasar el intervalo de referencia normal (0-9 mcmol / L). Dos perros tenían unos SBA en ayunas del T1 por encima del intervalo de referencia (10 y 11,7 mcmol / L). Un perro tenía unos SBA postprandiales en T1 por encima del intervalo de referencia en 20,1 mcmol / L (intervalo de referencia de 0-17 mcmol / L). Los valores de SBA a las 72 horas después de la interrupción del AUDC fueron normales.
  • Los autores concluyen que la administración a largo plazo del AUDC en  perros sanos pueden aumentar los valores de SBA en ayunas por encima de los valores previos al tratamiento (pero normalmente se quedan dentro del intervalo de referencia). La administración a largo plazo de AUDC en perros sanos no altera ni de las actividades de las enzimas hepáticas ni de las concentraciones de  bilirrubina, colesterol, o triglicéridos
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Caracterización de la disfagia canina en un hospital universitario

Cecily Bonadio, Stanley Marks, Philip Kass, Rachel Pollard, Diane Cheney
ACVIM 2015 Proceedings

  • La disfagia es un trastorno relativamente común en perros y suele ser el resultado de una anormalidad en cualquiera de las fases de deglución, oral, faríngea, o faringoesofágica. El objetivo de este estudio era evaluar retrospectivamente las causas más comunes de la disfagia en perros y al mismo tiempo determinar las asociaciones entre la disfagia y algunos datos del animal como la reseña, los signos clínicos, pruebas diagnósticas o procedimientos diagnósticos.
  • Se hizo una evaluación exhaustiva de las historias clínicas de todos los pacientes caninos diagnosticados con disfagia durante un período de 10 años (enero de 2003 a enero 2013) en el hospital de la Universidad de California, Davis VMTH. Los perros con disfagia directamente atribuibles a la fase oral de la deglución (enfermedades dentales, estomatitis, paladar hendido) fueron excluidos de la cohorte investigada. Todos los perros incluidos en el estudio tenían radiografías torácicas como criterio de inclusión. Se incluyeron 742 perros de los cuales 474 (63,9%) fueron sometidos a videofluoroscopia.
  • Las edades de los perros oscilaron entre 0,5 a 217 meses (mediana 56 - 52 meses). Las razas más comúnmente afectadas fueron el Labrador Retriever, Golden Retrievers y los Pastores Alemanes. Las causas más comunes de disfagia incluían megaesófago (n = 274, 38,3%); reflujo gastroesofágico (RGE) (n = 66, 8,9%); cuerpo extraño esofágico (N = 63, 8,5%); hernia de hiato (n = 54, 7,3%); y disfagia cricofaríngea (n = 34, 4,6%). En 131 perros se diagnosticó regurgitación crónica de causa desconocida (17,7%).  La videofluoroscopia fue más útil para el diagnóstico de RGE, hernia de hiato, debilidad faríngea, estenosis esofágica, acalasia cricofaríngea e hipomotilidad esofágica. No se identificó la causa específica de la disfagia en el 17,7% de perros y se necesitarían otros estudios para dilucidar la causa de disfagia en estos animales.
  • Este estudio es útil para la elaboración de un abordaje diagnóstico de la disfagia en perros, y constata el uso de la videofluoroscopia como prioritario en los estudios de la deglución.
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Toxicidad de la mirtazapina en gatos: un estudio retrospectivo de 84 casos (2006-2011)

Ferguson LE, McLean MK, Bates JA, et al.
J Feline Med Surg 2015

  • La mirtazapina se utiliza frecuentemente en medicina veterinaria a dosis de 1,88 o 3,75 mg como estimulante del apetito. Los objetivos de este estudio fueron determinar los efectos adversos descritos más comunes y la dosis a que se asocian estos signos. Se evaluaron los datos de gatos expuestos a mirtazapina (2006-2011) obtenidos de la Sociedad Americana para la Prevención de la Crueldad contra los Animales, 'Centro de Control de Envenenamiento de Animales. Se registraron los siguientes parámetros: filiación,  peso, evolución final, agente ingerido, la cantidad ingerida, vía de exposición, los signos clínicos observados, la intención de uso, tiempo para la aparición de signos clínicos y duración de estos signos. 
  • Los 10 efectos adversos más comúnmente observados en los 84 gatos expuestos a la mirtazapina fueron la vocalización (56,0% de los gatos; dosis media de 2.56 mg / kg), agitación (31,0%; 2,57 mg / kg), vómitos (26,2%; 2,92 mg / kg), marcha anormal / ataxia (16,7%; 2,87 mg / kg), inquietud (14,3%; 3,55 mg / kg), temblores (14,3%; 2,43 mg / kg), hipersalivación (13,0%; 2,89 mg / kg), taquipnea (11,9%; 3,28 mg / kg), taquicardia (10,7%; 3,04 mg / kg) y letargo (10,7%; 2,69 mg / kg). Cincuenta y nueve casos (70,2%) fueron considerados ingestiones accidentales y 25 casos (29,8%) se les dio la mirtazapina bajo prescripción. Las dosis asociados a los signos de toxicidad fueron 15,00 mg (40 gatos), 3,75 mg (25 gatos), 7,50 mg (cuatro gatos), 30,00 mg (un gato), 18,75 mg (un gato), 11,25 mg (un gato), 5,80 mg (un gato) y 1,88 mg (un gato). El tiempo para la aparición de los signos clínicos varió de 15 minutos a 3 horas, y la resolución de los signos clínicos varió 12-48 h. 
  • El hecho de que el mayor número de efectos adversos aparezcan a 3,75 mg en lugar de 1,88 mg sugiere que esta última dosis puede ser la dosis inicial más apropiada para estimular el apetito al tiempo que limita la toxicidad. Es importante dispensar las dosis exactas de mirtazapina ya que la probabilidad de la administración accidental de una tableta completa (15 mg) y la toxicidad resultante es obvia

 

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Factores precipitantes putativos para la encefalopatía hepática en perros: 118 casos (1991-2014)

Lidbury JA, Ivanek R, Suchodolski JS, Steiner JM.
J Am Vet Med Assoc 2015;247:176-183

  • El objetivo de este estudio es explicar la relación entre la concentración de amoníaco plasmático y la gravedad de la encefalopatía hepática (EH), y también determinar si los factores que precipitan la EH en humanos están asociados con la presencia de signos clínicos de EH en perros que habían sido previamente tratados para esta enfermedad. Se seleccionaron historiales médicos de 118 perros diagnosticados con EH entre 1991 y 2014. Se valoró el grado de la encefalopatía en una escala de 5 puntos y se determinó la correlación entre la gravedad de la enfermedad y las concentraciones de amoníaco plasmático. En la valoración se tuvieron en cuenta las asociaciones entre la EH y el síndrome de respuesta inflamatoria sistémico, hemorragia gastrointestinal, indiscreción dietaria, constipación, tratamiento con furosemida, azotemia, hipokalemia, hiponatremia, alkalosis, e hiperamonemia.
  • Se observó que la gravedad de la EH en el momento de la admisión no tenía relación con las concentraciones de amoniaco plasmático. Los perros tratados de EH antes de la admisión al hospital tenían menor probabilidad de mostrar signos de EH en el momento de la admisión comparado con los perros que no se trataron (Ratio Odds: 0.36; 95% IC, 0.17 – 0.78). Ninguno de los factores precipitantes putativos para la EH estaban asociados con la presencia de signos clínicos en el momento de la admisión.
  • El estudio concluye que la el tratamiento de la EH alivia los signos clínicos de la enfermedad y que hay que seguir investigando para identificar los factores  precipitantes de EH en perros
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Efecto de la Ranitidina administrada via oral y omeprazol administrado una o dos veces al día vía oral en el pH intragástrico en gatos

Sutalo S, Ruetten M, Hartnack S, et al
J Vet Intern Med 2015;29: 840-846

  • Lo supresores del ácido gástrico se usan con frecuencia en gatos con trastornos relacionados con acidez gástrica, aunque en realidad, no se sabe si estos fármacos aumentan efectivamente pH intragástrico en los gatos. Los objetivos del estudio son analizar los efectos de la administración oral de ranitidina y omeprazol sobre el pH intragástrico en los gatos y comparar la eficacia de la administración una vez al día en comparación con la dosificación de dos veces al día para el omeprazol. Se seleccionaron 8 gatos y se les administró gránulos de omeprazol con recubrimiento entérico (1.1 a 1.3 mg/kg cada 24 horas y cada 12 horas), ranitidina (1.5 – 2.3 mg/kg cada 12 horas), y placebo. Se monitorizó el pH intragástrico continuamente durante 96 horas usando sistema de Bravo, a partir del día 4 de tratamiento, seguido por un período de lavado con una mediana de 12 días. Se comparó entre grupos el porcentaje medio de tiempo en que el  pH fue > / = 3 y > / = 4.
  • La media +/- SD de porcentaje de tiempo en que  el pH intragástrico fue > / = 3 y > / = 4 fue 67,0 +/- 24,0% y 54,6 +/- 26,4% para el omeprazol dos veces al día, 24,4 +/- 22,8% y 16,8 +/- 19,3% para omeprazol una vez al día, 16,5 +/- 9,0% y 9,6 +/- 5,9% para la ranitidina y 9,4 +/- 8,0% y 7,0 +/- 6,6% para la administración de placebo. El tratamiento con omeprazol dos veces al día aumentó significativamente el pH intragástrico, mientras que el pH después de los tratamientos con omeprazol una vez al día y la ranitidina no fueron diferentes del de los gatos tratados con placebo.
  • El estudio concluye que sólo la administración de omeprazol oral dos veces al día suprime significativamente la acidez gástrica en gatos sanos, mientras que el omeprazol administrado una vez al día y las dosis estándar de ranitidina no son supresores eficaces del ácido gástrico en los gatos
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Influencia de variables clínicas y laboratoriales en resultados de antígeno fecal por ELISA en perros con infección por Parvovirus

Proksch AL, Unterer S, Speck S, et al.
Vet J 2015

  • Aunque un resultado negativo de antígeno fecal de parvovirus canino (CPV) en perros con infección por CPV es común, los factores que conducen a estos resultados falsos negativos son todavía desconocidos. El objetivo de este estudio era investigar si los perros con este tipo de resultados tenían signos clínicos y cambios de laboratorio más leves, una carga de virus en heces inferior, mayores títulos de anticuerpos anti-CPV en suero y heces, y una recuperación más rápida que los perros con un resultado positivo. Se seleccionaron 80  perros con infección por CPV, confirmado por la presencia de signos clínicos y PCR en heces positiva, y fueron asignados a dos grupos de acuerdo a su resultado de antígeno fecal por ELISA. Se compararon entre ambos grupos, el tiempo transcurrido hasta la presentación, la gravedad de los síntomas, los parámetros de laboratorio, la carga de virus en heces, los títulos de anticuerpos fecales y en suero, y los datos de secuenciación del CPV. Además, en 38/80 perros que fueron hospitalizados hasta su recuperación, se compararon el tiempo de recuperación, la mortalidad, y el curso de la enfermedad entre los perros con resultados positivos y negativos de antígeno fecal por ELISA.
  • De los 80 perros incluidos, 41 (51,3%) tuvieron un resultado de antígeno fecal por ELISA falso negativo. Los perros ELISA-negativos tenían un tiempo hasta la presentación significativamente más corto, menor frecuencia de defecación, menor carga viral fecal, y concentraciones de anticuerpos séricos más altas que los perros ELISA-positivos. Los cambios en parámetros de laboratorio, eliminación de CPV, y la evolución del caso no estaban asociados con los resultados a antígeno fecal por ELISA.
  • El estudio concluye que una cara viral de CPV baja y el hecho de que anticuerpos se unan al antígeno CPV en las heces son, probablemente, razones importantes para estos resultados falsos negativos a antígeno fecal por ELISA. Los perros con signos clínicos de infección por CPV  deberían ser reexaminados mediante PCR fecal

 

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Variabilidad en la apariencia ecográfica del páncreas en perros sanos comparados con perros con hiperadrenocorticismo

Granger LA, Hilferty M, Francis T, et al
Vet Radiol Ultrasound 2015

  • De forma anecdótica en perros aparentemente sanos se puede encontrar un páncreas inusualmente hiperecoico en la ecografía. La prevalencia y la importancia clínica de este hallazgo son completamente desconocidos hasta ahora. El objetivo de este estudio fue describir la prevalencia de un páncreas hiperecoico y/o heterogéneo en perros sanos y correlacionar estos resultados con el peso, la edad y condición corporal (body condition score; BCS). Un objetivo adicional de este estudio era describir la prevalencia de un páncreas hiperecoico y/o heterogéneo en perros con hiperadrenocorticismo y compararlos con perros sanos. Se evaluó ecográficamente, de forma prospectiva, el páncreas de 74 perros sanos, en los que se valoró la ecogenicidad y ecotextura pancreáticas, y se calificaron. En todos los perros se realizó un examen físico, análisis sanguíneos, gravedad específica de la orina, y un análisis de lipasa pancreática específica canina. También se revisaron las imágenes pancreáticas de 92 perros con hiperadrenocorticismo.
  • La prevalencia de la hiperecogenicidad de páncreas en perros normales fue del 7% (5 de 74) y la heterogeneidad fue del 40% (30 de 74). No se observó ninguna correlación entre la ecogenicidad pancreática y el peso, la edad, o BCS (P> 0,1 para todos los conjuntos). En los perros con hiperadrenocorticismo se observó un aumento estadísticamente significativo en una proporción (40%, 37 de 92, P <0,0001) de perros que tenían el páncreas hiperecoico.
  • El estudio concluye que la causa subyacente de la variabilidad ecográfica del páncreas en esta pequeña cantidad de perros sanos y en perros con hiperadrenocorticismo es desconocida y esto puede confundir en la interpretación de enfermedades tales como pancreatitis crónica.
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Fibroplasia esclerosante eosinofílica gastrointestinal felina: 13 casos y una revisión de una entidad clínica emergente

Linton M, Nimmo JS, Norris JM, et al
J Feline Med Surg 2015;17: 392-404

  • La fibroplasia esclerosante eosinofílica gastrointestinal felina (FGESF) es una enfermedad inflamatoria de reciente descripción en  gatos que afecta al estómago o los intestinos y a  los ganglios linfáticos regionales. Este estudio presenta datos clínicos y de laboratorio en 13 nuevos casos descritos de Australia (11) y Reino Unido (2).
  • La enfermedad se observó con mayor frecuencia en gatos de mediana edad (mediana de 7 años de edad; rango intercuartil: 5-9 años). Los gatos Ragdolls (7/13) y machos (9/13) fueron los más frecuentes. Estos animales mostraban ya una larga historia de vómitos y / o diarrea. Las lesiones eran típicamente grandes, duras, no dolorosas, fácilmente palpables y normalmente situadas cerca del píloro o unión ileocecocólica. Las lesiones fueron heterogéneas en ecografía y cuando se cortaron durante una laparotomía o necropsia. Las masas eran duras y difíciles para la aspiración con aguja fina debido a trabéculas internas formadas por haces de colágeno maduro. Fue común encontrar bacterias dentro de las masas (9/13 casos) utilizando diversas técnicas y a menudo múltiples cortes de tejido. No se pudo apreciar una forma bacteriana consistente en los diferentes casos.
  • Los pacientes fueron tratados con una combinación variable de citorreducción y biopsia para completar la resección quirúrgica, terapia inmunosupresora y agentes antimicrobianos. Muchos gatos tuvieron un mal resultado, que se atribuyó a un diagnóstico tardío combinada con una mala gestión. Se espera a tener más casos diagnosticados para mejorar los resultados clínicos y la supervivencia a largo plazo en casos futuros
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Evaluación longitudinal de enzimas pancreáticos en suero y hallazgos ecográficos en gatos diabéticos con y sin signos clínicos relevantes de pancreatitis en el momento del diagnóstico

Zini E, Hafner M, Kook P, et al
J Vet Intern Med 2015;29: 589-596

  • Los gatos con diabetes mellitus pueden padecer también de pancreatitis subclínica pero faltan estudios prospectivos para confirmar esta suposición. El control metabólico de los gatos diabéticos con pancreatitis es difícil. El objetivo de este estudio prospectivo, es valorar la hipótesis de que en los gatos diabéticos aparece una pancreatitis subclínica en el momento en que se diagnostica la diabetes o se podría desarrollar durante el período de seguimiento, lo que dificultaría la remisión diabética.  Se seleccionaron 30 gatos con diagnóstico reciente de diabetes y sin signos clínicos de pancreatitis en el momento de la admisión. En el momento de la admisión y 2 y 6 meses más tarde, se midieron Spec fPL y lipasa-DGGR en suero, y se hizo examen ecográfico del páncreas. Se sospechó de pancreatitis si aumentaban los marcadores séricos o se detectaban 2 o más anomalías ecográficas. Los gatos fueron tratados con insulina glargina y la remisión diabética se definió como euglucemia a las 4 semanas o más después de la interrupción de la insulina.
  • Se sospechó de pancreatitis subclínica en el momento del diagnóstico en 33, 50 y 31% de los gatos en base a los hallazgos en  Spec fPL, lipasa-DGGR- y ecografía, respectivamente; y en el 60% de los casos cuando se combinaban los criterios de diagnóstico. Durante el período de seguimiento, hubo sospecha de pancreatitis en un 17-30% adicional de gatos. Sólo 1 gato tuvo signos clínicos transitorios compatibles con pancreatitis. Diecisiete de los 30 gatos (57%) lograron la remisión. La frecuencia de valores anormales Spec fPL y lipasa-DGGR y hallazgos ecográficos anormales no difirió entre los gatos que alcanzaron la remisión y los que no lo hicieron. Los gatos que alcanzaron la remisión tenían unos valores de Spec fPL significativamente menores a los 2 meses (p <0,001).
  • El estudio concluye que en base a los resultados de  laboratorio y mediciones ecográficas, muchos gatos con diabetes podrían tener pancreatitis, aunque sin signos clínicos. Los gatos con mayores valores de Spec fPL podrían tener una menor probabilidad de remisión diabética; Sin embargo, este tema necesitaría más estudios con grandes cohortes de gatos diabéticos