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Cáncer de bazo: pronóstico del linfoma esplénico

Hay dos tipos de linfomas localizados en el bazo, ambos de células B, con un mejor pronóstico, y que tienen buena evolución tras extirpar el bazo. Por lo general, el linfoma es un hallazgo casual durante la evaluación por otros problemas (la mayoría no tiene síntomas asociados) y el diagnóstico de linfoma se hace mediante histopatología tras extirpar el bazo por esplenomegalia o la presencia de un nódulo

Medicina y cuidados veterinarios

Hay dos tipos de linfomas localizados en el bazo, ambos de células B, con un mejor pronóstico, y que tienen buena evolución tras extirpar el bazo. Por lo general, el linfoma es un hallazgo casual durante la evaluación por otros problemas (la mayoría no tiene síntomas asociados) y el diagnóstico de linfoma se hace mediante histopatología tras extirpar el bazo por esplenomegalia o la presencia de un nódulo.


Ocasionalmente, los linfomas esplénicos pueden tener además afectados ganglios periféricos, pero no es lo habitual. Cuando la enfermedad no está localizada solo en bazo el pronóstico es peor.

Los linfomas esplénicos de células T tienen peor pronóstico, con supervivencia de sólo unas semanas o pocos meses. Es esencial saber el inmunofenotipo (B o T) porque el pronóstico y tratamiento son distintos.

Linfoma esplénico

Algunas masas esplénicas que son cancerosas se clasifican como benignas. Incluyen lipoma, hemangioma y plasmocitosis.

El tumor maligno más común en el bazo es el hemangiosarcoma (HSA). La causa no se conoce. Se puede diseminar a muchos órganos.

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El HSA también puede causar complicaciones como la interrupción de la cascada de coagulación que causa una mezcla de formación anormal de coágulos, así como la incapacidad de controlar la hemorragia interna. En casos extremos, la pérdida repentina de sangre puede provocar la muerte súbita.

Otro tipo común de cáncer esplénico maligno es el linfosarcoma, un tipo de cáncer que puede tener un tumor primario en cualquier otro órgano (es decir, pulmón, tracto gastrointestinal, hígado).

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Signos

En muchos casos, un animal con enfermedad esplénica tiene muy pocos o ningún signo clínico específico.

Es común la hinchazón del abdomen debido al aumento del tamaño del bazo. Si el bazo agrandado ejerce presión sobre el estómago, puede darse pérdida de apetito y vómitos. Otros signos incluyen letargo, fiebre, pérdida de peso, hemorragia petequial, anemia, diarrea, aumento de la micción, deshidratación, pulsos deficientes, taquicardia, aumento del sangrado en el sitio de extracción de sangre (debido a la coagulopatía) y mayor tamaño de los ganglios linfáticos periféricos.

Si el tumor crece rápidamente puede hacer que el bazo se rompa de forma espontánea, con un colapso agudo y dificultad para respirar, poniendo en peligro la vida del animal.

La encía pálida puede ser un signo de anemia o shock, que en combinación con una masa abdominal puede indicar una ruptura o torsión esplénica. Se confirma con ultrasonido antes de la cirugía.

Diagnóstico

Pruebas a realizar: examen físico, radiografías, análisis de sangre, ultrasonografía (no siempre se distingue entre hiperplasia y cáncer), citología y exploración quirúrgica.

Es necesario realizar la histopatología, el examen microscópico de secciones de tejido especialmente preparadas y teñidas. El informe histopatológico generalmente ayuda a indicar cómo será el pronóstico del cáncer.

Tratamiento

La extirpación quirúrgica del bazo, denominada esplenectomía, es el tratamiento de elección. En caso de un tumor maligno, no se cura la enfermedad con esta intervención; pero se consigue ralentizar el progreso.

La quimioterapia se usa para inducir la remisión y prolongar la vida. Las mascotas sometidas a una esplenectomía y que también reciben quimioterapia pueden sobrevivir hasta 9 meses. Los perros y los gatos tienen menos efectos secundarios que las personas y su calidad de vida es alta si se instituye esta terapia inmediatamente después de la cirugía.

Existen muchos pros y contras en el tratamiento, proceder o no a aplicar la quimioterapia a menudo es una decisión difícil para los propietarios. Es impredecible saber cuál será la respuesta de cada animal a la quimioterapia y cómo va a tolerarlo.

Uno buen indicador es su respuesta inicial a la quimioterapia. El tratamiento siempre puede ser juzgado después de transcurrir 1-2 semanas y, si el animal lo admite bien y se aprecia una buena respuesta, entonces el propietario puede decidir si desea continuar. En la mayoría de los casos, vale la pena intentar el tratamiento de quimioterapia.

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