El perro y los castigos sin sentido


El perro y los castigos sin sentido

Hay perros que, expuestos a castigos inescapables, incoherentes y no relacionados con su comportamiento, entran en un estado donde parecen haber perdido el control del ambiente. No sabemos cómo se sienten pero, si fueran una persona, diríamos que se han resignado aceptando que sus problemas no tienen solución.

En el lenguaje técnico se llama “indefensión aprendida” y se produce cuando el animal está expuesto a una serie de estímulos desagradables sin tener alguna posibilidad de escapar o de evitarlos. Después de haber comprobado que ninguno de sus comportamientos es efectivo para poner fin a la situación desagradable, el perro deja de luchar y se queda quieto.

Esta aparente tranquilidad no nos tiene que engañar: el animal no está relajado sino que ha aprendido que no puede hacer nada para cambiar la situación. Una vez el perro lo ha asumido, es difícil que por sí solo abandone esta pasividad y aprenda a escapar de un estímulo negativo en una situación donde la huida es posible.

En algunas ocasiones los propietarios no solo castigan una conducta indeseada, sino que siguen castigando al animal sea cual sea su comportamiento. Estos castigos son los que precisamente, en vez de eliminar la conducta indeseada, pueden provocar indefensión.

Por eso, un perro poco activo, con escasa iniciativa e inhibido en su comportamiento podría haber tenido un historial de castigos repetidos e incoherentes que han provocado una sensación de “impotencia”.

Si tuviéramos que compararlo con un estado similar en las personas, encontraríamos en los síntomas de la depresión las más altas semejanzas. Y es que la indefensión aprendida representa uno de los riesgos asociados al uso del castigo y un aspecto clave del bienestar de las mascotas.