Los gatos en la historia europea


Los gatos en la historia europea

Se sabe que en la antigüedad algunos de los primeros santos fueron amantes de los gatos.  En la Edad Media los gatos fueron perseguidos. Sin embargo, a partir del siglo XVII la suerte de los gatos volvió a cambiar y a finales del siglo XIX tener gatos domésticos se convirtió en una moda.

Durante la época del antiguo Egipto los gatos parecían ser objetos preciados en Europa, y se prohibió su exportación, aunque los gatos egipcios encontraron la forma de llegar a los países europeos, y algunos que fueron robados fueron supuestamente llevados a Grecia alrededor del año 3000 A.C. No hay casi ningún registro histórico de los gatos hasta mucho después, y la mayoría hacen referencia a individuos que tenían gatos. Por ejemplo, Santa Ágata, también conocida como Santo Gato murió el año 251 d.C. El 5 de febrero es su día en el santoral y se dice que se aparecía en forma de gato en esa fecha. San Jerónimo, que murió en el año 420 d. C. tuvo un gato y, a veces, se le representaba en las pinturas del santo, en vez del león de la leyenda. El Papa Gregorio I (San Gregorio el Magno, 540-604 d. C.) no tenía posesiones, pero tuvo un gato como fiel compañero. El príncipe Hywell Dda de Gales promulgó una ley que protegía a los gatos, alrededor del año 940 d. C.

La suerte de los gatos parece que empeoró en toda Europa durante la Edad Media. Hay pocas referencias fiables, pero podemos suponer que a principios de la Edad Media la gente tenía gatos como mascotas, pero también para reducir la población de ratas y ratones. Sin embargo, el Papa Gregorio IX declaró que el gato era una «criatura diabólica» a principios del siglo XIII, y se dice que esto desembocó en una masacre de gatos en toda Europa. La relevancia exacta de esto ha sido puesta en duda por algunos expertos, pero lo que sí es cierto es que ese siglo fue el principio de una era difícil para los gatos. Cuando la Peste Negra arrasó Europa a partir del siglo XIV, probablemente se concedió a los gatos un indulto porque se consideraban beneficiosos por su importante papel en el control de plagas, así que durante un tiempo les fue mejor. Durante este período, Francesco Petrarca (1304-1374 d. C.), un erudito italiano, momificó a su gato, y se dice que se dedicó más a este que a su amante, Laura. Durante la época de la Inquisición Española, un siglo después, el Papa Inocencio VIII condenó los gatos como una representación del mal, y miles de ellos fueron quemados. También empezó un período de persecución sistemática de brujas en toda Europa. El gato se convirtió en un objeto de superstición y se le asoció con el mal. Se creía que los gatos estaban dotados con poderes de magia negra - un compañero de las brujas y quizá la encarnación del diablo. Las personas, especialmente mujeres solteras, que tenían gatos eran sospechosas de brujería y algunas fueron condenadas a muerte junto a sus gatos. Los propios gatos también fueron cazados, torturados y sacrificados. En las festividades religiosas, según consta, un gran número de gatos fueron quemados vivos como parte de algunas celebraciones. Algunos gatos fueron incluso emparedados vivos en casas y otros edificios cuando se construían, bajo la creencia de que esto traería buena suerte, y aún hoy en día se pueden ver sus restos en las paredes de algunas casas viejas. Algunas de las supersticiones de entonces sobre los gatos han sobrevivido hasta el presente, como por ejemplo creer que cruzarse con un gato negro trae mala suerte. Los resultados de esta persecución fueron perjudiciales no sólo para los gatos, sino también para las personas. Con la disminución de la población de gatos, la población de las ratas portadoras de enfermedades aumentó un factor que contribuyó a la propagación de las posteriores plagas y otras epidemias por toda Europa.

A medida que se acercaba la Edad Moderna, alrededor del siglo XVII, el gato había empezado a recuperar su antiguo lugar como compañero y respetado controlador de los roedores. El Cardenal Richelieu (Francia, principios del siglo XVII) destacó por su amor por los gatos. Tenía docenas de ellos, incluyendo algunos que fueron rescatados, y les preparaba comidas a diario. Utilizaba una sala de Versalles como refugio para gatos y en su testamento dejó dinero para mantenerlos después de su muerte. Desde entonces a muchos famosos se les ha atribuido este amor por los gatos, y hay ejemplos de todas partes del mundo. A finales del siglo XIX, tener y criar gatos se había convertido en una moda, especialmente las variedades con pelo largo, cuya popularidad aumentó. La primera exposición felina tuvo lugar en el Crystal Palace de Londres en 1871, donde se escribieron los primeros estándares de las distintas razas y los clubes de gatos se extendieron a muchos otros países. La popularidad de los gatos ha seguido aumentando durante el último siglo. Los dueños de gatos han aumentado con más rapidez que los de los perros, hecho que quizá refleja la relativa facilidad de mantener un gato como mascota en el estilo de vida moderno. Los gatos son actualmente la mascota más popular en el conjunto de Europa, aunque en España el perro sigue siendo la mascota más popular por ahora.